Revista de Guitarras

Astronomy Domine II

La joven millonaria comenzó a coleccionar todo tipo de obras místicas desde su llegada a Europa,  aquel nuevo hogar le proporcionaba de todos los ingredientes necesarios para una vitalidad que ella buscaba en un marco lleno de belleza misteriosa y elegante, una ciudad que le revelaba ciertos deseos que podía cumplir.

Salió decidida y alegre de aquel lugar, el hallazgo del mítico libro le animó a tomarse una copa en un pub muy cercano a su casa.

Una escultura con la representación de Libuse decoraba el centro del local; Lucy dio varias vueltas en el taburete de forma descarada pero contenida, sus largas botas negras resplandecían mientras pedía una cerveza checa, una Pilsner Urquell, y en varios televisores de plasma distribuidos por la estancia se ofrecían canales deportivos con resúmenes de espectaculares jugadas de hockey hielo.

Una muy cuidada decoración de escudos, fotos y banderines llenaba una parte del local y había otra dedicada a una variada selección de sticks. Fuera una ligera lluvia comenzaba a fluir junto al profundo vaho de la noche y el intenso tráfico. Lucy observaba desde el interior como poseída por una misteriosa hipnosis, la fría lluvia le proponía siempre algún tipo de pensamientos extraños y no tenía muy claro qué podía hacer aquella noche.

Por la barra del bar habían varias tarjetas esparcidas, escogió la primera, la miró con cierto desdén mientras movía ligeramente el taburete, tan solo dos letras “X.O” formaban parte de su diseño completado con un color brillante de acero industrial; por la parte trasera una dirección.

Terminó su cerveza y decidió acercarse, seguramente era un club privado que se encontraba al otro lado de la ciudad. Al salir del bar alzó la mano para coger el primer taxi, una vez dentro, la lluvia golpeaba las ventanillas cada vez con más intensidad.

El vehículo cruzó la ciudad con suavidad, casi flotando entre la copiosa lluvia. Lucy se acariciaba las medias mientras observaba a la gente y las luces de la ciudad.

Casi quince minutos después estaba en la puerta. El taxi se alejó lentamente mientras Lucy volvía a mirar la tarjeta, apretó un timbre y desde el otro lado alguien abrió la mirilla. No tardaron en dejarle pasar, una atronadora música surgía del mismo infierno como desatada en el mismo momento de su entrada, por los largos pasillos una multitud de gente se agolpaba en las barras y algunas go-go’s bailaban de manera salvaje en una suerte de jaulas de acero.

Decidió  situarse en una de las zonas del fondo del local mientras pedía una tónica con hielo. Su excitación iba en aumento dada la tensión del lugar, una tensión fría y constante, una tensión depravada y voraz.

Una joven y atractiva crossdresser servía las copas en la barra, un llamativo modelo de leopardo muy ajustado con la espalda al aire era su reclamo para los chicos que deambulaban por allí. Seguramente tendría tiempo para sacarse unos billetes a cambio de sexo con los clientes en la toilet o en algún reservado, Lucy era la reina de las zorras y se olía todo eso sin problemas.

Mientras bebía de forma pausada y sensual un tipo con pinta de ejecutivo moderno le ofreció unas líneas de coca a lo que Lucy aceptó con un gesto de chica dura. Le siguió hasta unos reservados oscuros realmente siniestros por su aparente suciedad, al tiempo que el chico preparaba el asunto Lucy le acariciaba el pelo con una leve indiferencia.

Estaba ya todo en su sitio, cuatro resplandecientes rayas cristalinas asomaban en la mesa, Lucy se colocó en situación con cierta parsimonia agachándose en una pose de delicado sigilo, esnifó la primera línea y la mano de aquel tipo se metió por su entrepierna de forma firme llegando hasta las bragas que apretó con fuerza a lo que Lucy respondió con otra esnifada, acto seguido untó uno de sus dedos con la tercera línea y girándose acercó sus labios al chico con un largo beso para meter su dedo rebozado de coca en su boca. Aquello se convirtió en un baile de locura, en pocos segundos estaban follando como dos animales en el suelo entre una pequeña cordillera de sofás, colillas y vasos vacíos.

La música industrial seguía sonando de manera atronadora mientras Lucy gemía y gritaba agarrando con fuerza al chico que empujaba de manera salvaje. Lucy logró colocarse encima cuando llegó al final, se levantó, se bajó la falda, se arregló de manera circunstancial y se metió la cuarta línea mientras el chico seguía en el suelo abrochándose la bragueta.

-Ok pequeño -dijo Lucy mientras se encendía un cigarro.

-Nos vemos en otro infierno como este -continuó a la vez que le sonreía con una cierta chulería.

Dejó el reservado atrás sin decir nada más, cruzó el local hacia la calle rozándose con algunos chicos, no le importaba dado su estado de excitación que no había logrado calmar.

Salió a la calle y la lluvia continuaba su caída libre convertida en una espesa cortina, a pocos metros de allí y en la misma acera brillaba otro letrero, caminó con ligereza hasta llegar a la puerta, una puerta de color oro con un timbre en la parte inferior de una placa donde ponía local privado, miró el letrero iluminado por un azul eléctrico cargante donde se leía “Club K”.

Llamó y en pocos segundos un elegante portero le abrió muy amablemente.

-¿No es usted socia verdad? -preguntó.

-Oh…, no, ¿hay algún problema? -contestó con una sonrisa.

-En absoluto señora, ha de saber que este club es de orden privado por lo que solo acceden socios y socias para mantener sexo, pero si es tan amable puede dejar sus datos, que no tienen por qué ser los verdaderos, pero tendrá que utilizar ese nombre siempre que visite este local para controlar un registro.

-Discúlpeme…, pero no creo que vuelva -contestó mientras buscaba algo en su bolso.

Previo pago entró en una sala llena de espejos donde unas chicas retozaban en unas tijeras bien perpetradas sobre un enorme sofá mientras varios hombres miraban. Prefirió ir directa al bar y pedir un vodka que se metió de un trago.

Por las estancias sonaba música de ascensor a un volumen casi imperceptible, el ambiente era agradable con un carga de tensión sexual muy potente, incluso percibió un ligero olor a esperma.

Pidió otro chupito de vodka y sonrió a un grupo de jóvenes muchachos que hablaban en una mesa, se acercó y se quitó el vestido de una pieza quedando su esbelto cuerpo a la vista de los chicos que empezaron a magrearla, sus botas altas y sus medias eran su única ropa.

Sin decir palabra se agachó y sacó la polla de unos de los jóvenes dándole una mamada lenta y copiosa, succionando de manera maestra el glande que cada vez crecía más.

Una corrida le saltó por el pelo y la cara, cuando quiso darse cuenta otro tipo tenía su polla fuera muy cerca de sus labios, la cogió con su mano y se la metió en la boca hasta que eyaculó con fuerza; el otro chico la levantó con lentitud y la arrodilló de nuevo para ponerla a cuatro patas metiéndosela por detrás con furia mientras le palmeaba en las posaderas, un clímax voraz cubrió el cuerpo de Lucy a los pocos minutos de las embestidas que hizo que temblara como una posesa, después vino el orgasmo del desconocido.

Aquello parecía la representación de un bodegón carnal con los cuatro jóvenes tirados por los sofás alrededor de la mesa.

Una ilustración de Franz Kafka convirtiéndose en una cucaracha decoraba una de las paredes del local, todo él era una prosopopeya visual del existencialismo con fotos de portadas de libros de Jean-Paul Sartre y Karl Jaspers entre otros.

Lucy suspiró y levantándose sobre sus botas y medias como único atrezo se dirigió con pasos de auténtica diosa a la barra pidiendo un vodka con cola en un cómodo taburete, lo sorbió con placer mientras miraba a los muchachos que descansaban delante de ella.

Pensó en su chico…, en Ronnie y sonrió con ternura. También le vinieron los demás, su guardia pretoriana con Gallup, Ugarte, Azcaraz…, todos le pertenecían y tal vez ella también a ellos. Pensaba en más cosas: dónde dirigirse, la vieja Europa era extensa e indómita, en algún lugar se escondía Connducci y quería llegar hasta él.

Conocía perfectamente la vida del viejo Alan, su colaborador Norberto Ugarte le había pasado todos los informes sobre sus correrías al igual que antes lo hizo con Wesley. Los dos formaban el tándem de forajidos más salvajes y escurridizos, no era por tanto casual que sintiese un fracaso constante al no haber podido encontrarlos, una insatisfacción que se apoderaba de ella siempre que pensaba en ellos.

Antes de salir del local accedió a una elegante suite del piso superior para darse una buena ducha, una simpática empleada la condujo mientras charlaban con desparpajo.

Media hora después Gallup esperaba a la joven muchacha en la puerta del local con un Jaguar deportivo propiedad de Lucy.

La noche aún se alargaba sobre la ciudad.

 

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