Revista de Guitarras

Bill Nash (Nash Guitars)

A Isaac Newton se le apareció la virgen cuando descansaba bajo un árbol y una manzana golpeó su cabeza descubriéndole así la teoría de la gravedad. Lo mismo pensaría Alexander Fleming cuando olvidó sobre su mesa una placa de cultivo sin cubrir que le revelaría los secretos de la penicilina.

En el campo de la construcción de gui­tarras también pueden ocurrir suce­sos que te hagan ver la luz de manera súbita y si la torpeza que supone el que una guitarra en construcción se te caiga al suelo y ese hecho conlleva que puedas ser uno de los constructores vintage más prestigiosos del planeta pues… ¡Bienvenido sea! Estima­dos lectores de Cutaway, he aquí el profeta del “nuevo vintage”, Bill Nash.

¿Cuándo y cómo empezó tu pasión por la músi­ca y por la guitarra?

Mi padre es músico de estudio profesional en Los Ángeles, así que estuve siempre alrede­dor de la música y existen varias generaciones de músicos en mi familia. Mi hermana, que es 8 años mayor que yo, tenía discos de Cream, Jimi Hendrix, Janis Joplin… yo había es­cuchado jazz y ese estilo de música, pero en cuanto escuché esa guitarra distorsionada a ese volumen, espe­cialmente los primeros Cream y Janis Joplin me dije a mí mismo que esa música era la que yo quería. Tenía más o menos 8 años. Mis manos eran muy pequeñas así que hasta los 10 años no comencé a estudiar con la guitarra. Mi pasión por la construcción de guitarras vino a raíz de mi gusto por desmontar cosas y descu­brir como hacerlas funcionar mejor. Cuando te­nía unos 16 años me di cuenta de que las guita­rras que compraba necesitaban mucho ajuste: un buen set-up, pastillas nuevas, diferentes ce­juelas… Esto era a mediados de los 70, que fue justamente una mala época de Gibson y Fender. Compraba una nueva Fender y me gustaban al­gunas cosas de las que tenía pero no todo así que las cambiaba. Después descubrí cómo pin­tarlas. Así es como empecé. Tocaba en bandas y siempre llevaba mi propio equipo construido por mí mismo a partir de diferentes guitarras.

¿Cuál fue la primera guitarra que construiste?

Cualquiera que se vaya a construir una gui­tarra te dirá que la primera no será buena, es normalmente la tercera. La primera fue muy buena, una telecaster con cuerpo de nogal, mástil de arce y diapasón de ébano con pas­tillas DiMarzio, fue mi guitarra principal por bastante tiempo. Pesaba mucho pero sonaba genial. Tendría unos 17 o 18 años.

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¿Cómo surgió Nash Guitars?

En los 80 tocaba en bandas y a mediados de la década había hecho de todo en L.A. Estuve un tiempo tocando prácticamente nada, pla­neando con mi mujer, pensando qué era bueno, qué no lo era y acabé en la industria del vídeo en la que estuve inmerso unos 12 o 13 años. Estuve asentado con mi mujer y mis hijos pero estaba atascado en un trabajo convencional con muchas horas, muchas llamadas, más de un millón en 12 años a una media de 85 al día y esa era mi vida. Mi mujer me alentó a volver a construir guitarras otra vez, algo que realmen­te amaba. Ella piensa que si tienes pasión por algo y lo trabajas, la vida te lo devolverá. Nunca querré que mis hijos trabajen en algo en lo que no sientan esa pasión, así que me di cuenta de que estaba en mi mano demostrarles mi ejem­plo de que puedes perseguir tu pasión y ser fe­liz disfrutando, hacer algo bueno para la gente. Esto ocurrió sobre el año 2001.

¿Cómo consigues hacer que algo nuevo tenga la apariencia de haber sido construido hace 50 años?

Cuando era un niño construía maquetas de avión y las hacía con una apariencia similar a la que tendrían si ese avión hubiera batallado en una guerra y las guitarras las hago como si hubieran sufrido un accidente de coche. Hay algo genético en mí que hace que quiera las cosas como si hubieran atravesado el in­fierno (risas). En un principio, estuve constru­yendo guitarras con apariencia nueva. Siendo honesto, hay constructores que pueden hacer eso mejor que yo. He visto otras guitarras con apariencia envejecida en el mercado y pensé que era interesante. Un día estaba ultimando una guitarra para un cliente y durante el pro­ceso final se me cayó, así que decidí hacerle un acabado vintage y construirle otra nueva al cliente. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Cuando la terminé la puse a la venta en eBay y se vendió en 45 minutos. Me dije: “Estoy haciéndolo bien en este negocio pero si es esto lo que el merca­do quiere podría intentarlo un poco más”. Me di cuenta que con menos acabado la guitarra sonaba mejor, la parte trasera del mástil tenía ese toque “amaderado” en tus manos… Sientes como el cuerpo resuena mejor, son ciertos aspectos que no puedes sentir con una guitarra nue­va. Fue un afortunado percance que me demostró que las guitarras viejas no sólo tienen un mejor aspecto, sino que se tocan mejor y suenan mejor. Luego llegó mi periodo “científico loco” que consis­tió en descubrir eso. El problema viene en como introducir algo así en el mercado y que la gente se lo pueda permitir. Ese es el reto.

¿Cómo se compara un instrumento envejecido ar­tificialmente con uno realmente antiguo? ¿Crees que se pueden conseguir los mismos beneficios?

Creo que en muchos casos consigues mejo­res instrumentos. Puedes llevar un instrumen­to real de los 50 a un concierto y un loco te tira una botella… eso es un problema. Esas guita­rras no estaban diseñadas particular­mente para rock o blues. Tenían trastes más finos, el radio del mástil no era muy allá… Creo que en algunos aspectos es mucho más tocable una guitarra nueva, no solo envejecida, sino en general.

¿Qué le has cambiado a tus guitarras en relación a los specs vintage reales para hacerlas más modernas y tocables?

Los cambios más notables son el ta­maño de los trastes y el radio del mástil. Normalmente tenemos un radio de 9,50 y un traste más grande, tanto de ancho como de largo. Podemos conseguir una guitarra más propicia para los bendings, mejor acción… Así que en la mayoría de as­pectos son mejoras respecto a las vintage reales. Como sabes, las pastillas de las gui­tarras vintage no son tan fiables. Puede que el que hizo esa pastilla estuviera de resaca ese día, quién sabe cuantos wounds tiene… Hay grandes LesPaul o telecasters vintage ahí fuera pero también hay algunas bastante ma­las. Aunque la apariencia sea increíble puede tener problemas de pastillas o madera.

El 95% de las guitarras tienen pastillas Lo­llar que son muy, muy consistentes, sabes como va a sonar esa guitarra. En los últimos 50 años de construcción de guitarras hemos aprendido algunas cosas.

¿Qué intentas conseguir cuando construyes una guitarra con esa apariencia?

Usamos pintura Williams con los pedidos custom aunque muy poca gente quiere utilizar pintura antigua al ser muy inflamable y difícil de usar al tener que limpiar constantemente las pistolas, pero quedan muy bien. En las guitarras más nuevas también se usa una pintura de po­liéster que se extiende por todo el cuerpo y se seca muy rápido. Se consigue una apariencia in­creíblemente brillante que llamamos “Lollypop”, como de caramelo. Queda muy brillante y bonita pero mata la madera. Para mí, esos acabados de poliéster acaban con cualquier posibilidad de resonancia que aunque la guitarra sea un ins­trumento eléctrico necesita ayuda de la made­ra para hacer que suene a guitarra buena. En guitarras de fresno usamos algo más orgánico a la que le añadimos 3 o 4 capas de barniz que lijamos de nuevo para luego añadirle el esmalte, manteniendo todo muy fino. En nuestras guita­rras hay muy poco material sobre ellas. Los bar­nices tardan meses en asentarse y cada vez se vuelven más finos.

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¿Intentas acelerar ese proceso con el barniz?

Cuanto más grueso es el clear-coat más dramático será el cambio con el barniz. En cuanto al precio final, tenemos que encon­trar un punto en el que nosotros estamos contentos, el dealer está contento y el usua­rio está contento así que tenemos que hacer el barnizado a mano porque lo mantenemos muy fino como ya he dicho. Para mi colec­ción personal le pondría 8 o 9 capas de clear que quedaran muy secas entre cada mano y un mes después puedo empezar a darle con el barniz, pero esas guitarras no suenan tan bien al fin y al cabo.

Entonces, en tu opinión ¿Qué hace que una gui­tarra suene bien?

¡El guitarrista! ¡Las manos! (risas). Hay 10 cosas que hay que tener en cuenta en una gui­tarra, si tienes 8 o 9 normalmente conseguirás una guitarra decente. Lo que realmente hace una guitarra buena es un guitarrista. Siem­pre empleamos guitarristas en nuestra tienda y eso hace una buena guitarra porque todos saben qué hacen y porqué lo hacen. Una de nuestras máximas consiste en no vender nun­ca una guitarra que ninguno de los empleados tocaría. El propio cliente es el factor más im­portante pero intentamos que el guitarrista ol­vide que está tocando una guitarra, buscamos la transparencia. Un balance general bueno, que la gente se olvide de que ese La en la ter­cera cuerda suena un poco sostenido… Quere­mos hacer guitarras a prueba de balas, que la tortures y todavía haga su trabajo. Esa era mi propia frustración como músico, quería una guitarra con la que no me preocupara.

En internet hay miles de discusiones sobre cómo cambiar esto, ponle lo otro, la cejuela, cuerpos ligeros…

La mayoría de esa gente no tiene novia (ri­sas), lo mejor que puedes hacer con una gui­tarra es tocarla y dejar de hablar de ella. En mis comienzos como constructor un cliente vendría y me diría: “Quiero trastes de acero inoxidable, puente de titanio, silletas Callahan y una cejuela hecha con el pelo de la nariz de una virgen peruana” ¡Cualquier locura! Sobre el papel, este tío está pensando que así va a conseguir la guitarra definitiva pero lo montas todo junto y eso no funciona. Creo que la sim­plicidad es mejor. Fender lo clavó la primera vez. Hacía guitarras para guitarristas country y el mástil no estaba lo suficientemente plano, los trastes no eran muy grandes… aparte de eso no creo que haya mucho que necesite un cambio. Hay gente que se muere por bloques de titanio, esta silleta… y si es algo que buscan lo puedo comprender pero yo pienso en otro tipo de set-up.

¿Te consideras luthier?

No, yo no puedo cortar árboles y hacer una guitarra de ellos. Para mí, un luthier es un ar­tesano que puede coger madera y hacer una acústica. No creo que la mayoría de los que se consideran constructores de guitarras sean verdaderos luthieres, somos unos ensamblado­res. Unimos partes y las ensamblamos, algo en lo que se consume mucho tiempo y no es fácil, pero cuando pienso en un luthier pienso en al­guien que va a coger un trozo de palorrosa, lo pone en el torno para dejarlo perfecto y luego coge un trozo de picea y le hace un contorno. Eso es un luthier y yo no tengo la paciencia para eso.

¿Dónde consigues el material que utilizas? ¿Si­gues algún tipo de criterio a la hora de escoger?

Uno de los criterios es que el alma de nues­tros mástiles son ajustables solo hacía un lado, el radio y el tamaño de los trastes también son específicos. Hace unos años tuve un problema con un suministrador al que una gran empresa le prohibió tratar conmigo pero hay varias com­pañías que hacen partes para gente como yo.

También hay muchas compañías que pue­des tener la idea de que hacen sus propias partes pero eso no es así algunas de ellas quieren hacerlo pero eso es algo que a mi no me importa, yo no quiero pertenecer al ne­gocio de la madera, es una pesadilla. O bien está muy seca, o es muy grande, o es muy pe­queña…Odiaría todo eso, me volvería loco. Los cuerpos tienen que estar en un peso especí­fico. Algunos de los que no están los usamos para nosotros mismos en la tienda.

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¿Y el hardware? ¿Pastillas?

Importo la mayoría de mi hardware de Go­toh en Japón, muchas empresas trabajan con Gotoh. Para pastillas usamos Lollar mayori­tariamente. Los dealers pueden hacer pedi­dos también de Fralin, DiMarzio para bajistas sobretodo, Seymour Duncan… Pero Lollar es nuestro sonido y lo que la gente espera de nuestras guitarras.

¿Qué modelos encontramos en Nash?

Los modelos de los 50, 60 y principios de los 70 inspirados en Fender. Para telecaster hacemos las Deluxe, Thinline de los 60 y el 72 con diferentes pastillas. Dejamos de hacer JazzBass porque el diseño en sí es problemá­tico y creo que no puedo hacer uno que suene lo suficientemente bien. Para LesPaul es una línea secundaria para nosotros pero hay mu­chísima demanda. Envejecemos las tapas, las pastillas, los trastes… Son Gibson reales con las que trabajamos. Intento buscar por eBay y en dealers la LesPaul adecuada para hacer­le esas cosas. El diapasón necesita mucho trabajo debido a la naturaleza de la unión del mástil con el cuerpo.

¿Qué crees que un cliente puede encontrar en tus guitarras respecto a otros manufactureros?

R: Encontrará una guitarra hecha por gui­tarristas. El 80% de las guitarras que tengo de mi colección propia necesitaron mucho ajuste… retrastear, rehacer la cejuela… es­pecialmente en Gibson y nosotros le damos a nuestras guitarras esos $300 extra de tra­bajo en el ajuste. Garantizamos todo y faci­litamos ayuda con todos los problemas que puedan surgir. Si alguien me viene pidiendo una guitarra nueva le diré que vaya a pre­guntarle a alguien que haga buenas guita­rras nuevas, algo que nosotros no podemos hacer en este momento. Lo haré si puedo encontrar la formula para que la guitarra siga sonando a Nash pero con apariencia nueva. Si encuentro una respuesta para eso, lo haremos. Pero ahora nuestras posibilida­des de pintura son pequeñas.

Nacho Baños
Traducción: Agus González-Lancharro

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