Revista de Guitarras

Fender Bandmaster Silverface 1967

“¡Cariñooo! ¡He convertido bitter kas en pacharán!”. Así de orgullosa se sentía María Dolores Fender en su cocina de Tennessee. Su marido Leo no tanto, porque ese pacharán sabía a rayos. “Endrinas, María Dolores, endrinas, no altramuces” le gritaba Leo desde su taller mientras miraba ese pedazo de esquema del 5E7. Pero esa es otra historia culinaria que quedará en la intimidad de la familia Fender – el Bandmaster es el que llegó a pasar a los anales y orales de la historia del rocanrola y evolucionó hasta convertirse en esta preciosidad silver trim de cara plateada.

Empecemos por el final: esto no sólo es un artículo del Maestro de la Banda, es una oda a los Silverface. Sobre todo a esa época dorada – ayns, plateada – de los silverfa­ce denominados “Silver Trim” por el ribete pla­teado que va alrededor del tolex. Una barra me­tálica que sólo le falta un buen grifo de Mahou y que te dice que ese cacharrín es más blackface que silverface, a pesar de las apariencias. De esos amplificadores de bombillicas que elevan el erectómetro a 10.000 pulsaciones.

No es un bassman y nunca quiso serlo. De ese capullo tweed cincuentero (no estoy ha­blando de Rafita, el señor de hacienda que vis­te con un traje de idem) eclosionó una maripo­sa rubia en los años 60, que se tiñó de negro un par de años más tarde y pasó su jubilación con un maravilloso tinte plateado rollo “las Chi­cas de Oro” hasta finales de los setenta (qué leches, sí que se parece a Rafita, hasta en el rimel). La diferencia entre un 50s y un 60s es total. Es otro buen ejemplo de la progresión de los amplis Fender hacia el sonido más limpio posible, partiendo de esos tweed cabroncetes y que saturaban antes de que te diera tiempo a decir “Jehová” (¡ha dicho Jehová!) a amplis con mucho techo limpio, menos carácter y más rollo hifi. Eso quiere decir que los blues-country-funkymen están de enhorabuena, “más twang-spank-waka waka-tinki winki” que “RRRUAAAN RRRRRUAN, BREAKING THE LAW, BREAKING THE LAW”. Algo así, es que me piré con una rubia de Melilla a fumar canu­tos el día que daban la clase de las onomato­poyas (sí sí, en Melilla hay rubias, lo juro).

Este cacharrín de 1967 tiene unas cuantas curiosas y típicas de esta época: el número de serie del chasis dice que es de 1967 pero el transformador de salida data de 1966. Huy, eso me huele a blackface… Posi, muchos silver trim llevan piezas de la última época blackfa­ce (o BF, como dicen los guiris), no sólo trafos, sino condensadores, etc. Mucha gente data los amplis Fender con el número de serie en el chasis (en este caso un A26924, si encuentras otro por ahí o es su hermano gemelo o me lo han mangao!). En 1997, Greg Galiano redactó un artículo para 20th Century Guitar Magazine que todavía se sigue usando como referencia para datar Fenderunos por número de serie. Ojo, no es 100% fiable. La mejor manera de datar un Fenderuno es con este número de se­rie y el de los transformadores. A veces un ‘66 es un ’67, nunca son más antiguos. Tampoco he visto un Fenderuno con más de dos años de diferencia. En este caso se puede datar por los trafos, es muy sencillo: si el transformador es original, llevará dos filas con un número de serie encima con el Part # (siempre comienza por 022) y debajo otro con este formato: 606- X-YY. 606 es el fabricante, X es el año de fa­bricación e YY la semana en la que se fabricó el trafo. Así que por el número de serie este Bandmaster es de los primeros del ‘67, el trafo de salida es del ‘66 (606-6-42) y el de potencia es del ‘67 (606-7-12). Otra cosa curiosa de los silverface de la época silver trim es que suelen llevar una número de serie estampado dentro del chasis y más numericos en los lados, por fuera, etc. El que hay dentro suele indicar el año. Si tu silverface lleva el año marcado den­tro es fetén. Es de los de la época “buena”.

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Y aquí es cuando sacamos a debate el tema de todos los miércoles en la Tasca “La Jabata”, cla­sificado según el grado etílico de los contertulios:

1) Los silverface son una mierda.

2) Los silverfeiss son gloria bendita.

3) Losh silverpeich son un poco peich pero dependeear del año, weeeiva (con acento Julito Iglesias).

4) Ños silverpeich she puedennn atunnnear a un blackpeich glander.

5) Ñossshhh ssshilveerrr reooaaarrrr aiba­laostiaaa…. Manoloorrr pongueme un peloti de Johnny, que hay que irrrrr cambiandohh el pH… y un pinchos de tortillaaah que tengo una jambre que me comía un abuelo cagando…

En el nivel 6) acabamos cantando la disco­grafía entera de María del Monte. Y cuando se apunta David el Páháró, tras el séptimo cacha­rro, se va de Sergio Dalma por bulerías, pero le hostiamos antes del cuarto bis.

Vamos al bisnes, copón. Los silverface que dan mala fama al resto son los de mediados de los ‘70 en adelante. Hasta a los del ‘72-’75 les tengo cariño. Al resto… ehhh…. más bien poco. Es decir, hay unos 10 años de silverface que son gloriosos, sesualmente y moralmente. Speaking in silver:

1) Los primeros silverface aparecen en agosto de 1967. Caían boquerones fritos de el calor que hacía en la fábrica de Fender, pero entre agosto del ‘67 y mediados del ‘68 sale la primera hornada de plateaditos. Llevan mu­chos componentes blackface, el famoso “silver trim”, suenan como los ángeles y los circuitos son prácticamente idénticos a sus hermanos mayores BF… cuando no i-dén-ti-cos. La esté­tica no es la misma, pero el mojo está ahí.

2) La segunda hornada de SF ya empieza a meter puñetitas a partir del ’68, hasta media­dos del ‘70, estamos hablando de la primera versión de CBS puros y duros. Todavía no ha­bían contratado al lumbreras de los Master Volume, así que estos bichos también son muy parecidos a los BF, algunos incluso con piezas de la época BF pero ya varían el circuito de ajuste de bias por uno que “balancea” las vál­vulas de potencia y otras chorraditas. Se modi­fican muy fácilmente y estos son los primeros candidatos a “blackfacear” (devolver el circuito al original BF).

3) En el ‘72 ya tenían a Dexter Cilindrín como jefe de diseño y empezaron a meter volúmenes Master a mansalva, el Twin Reverb fue de los primeros en sufrirlo (¿un Master en un Fen­der? ¿Comorl? Les tendrían que haber partido el diodeno a estos pecadores, yo creo que tra­bajaban menos que el sastre de Tarzán). Aun así, estos amplis no suenan mal. Son algo más finitos, los componentes empiezan a sufrir el bajón de calidad post-CBS. A estos amplis se les puede anular el Master o acostumbrarse a él, pero puesto al diez suenan a grillo per­petrando el acto sesual. Ojete, no suenan mal con todo hacia la mitad.

4) Y llega el ‘76. Qué año más cojonudo, el de los boosts push-pull y trafos ultralineales. Son los SF que dan tan mala fama al resto y duraron hasta finales de los ‘70. En mi humilde opinión, sin ánimo de ofender a nadie, se podían haber metido esos trafos por el culo, uno tras otro. Ya a mediados de la década casi todos los SF lleva­ban el puto Master y el puto Boost. Estos amplis también son candidatos al blackfacing pero por muchas piezas que cambies si llevan un trafo ul­tralineal suenan más finos que el rabo de una po­lilla. Hay que hacer cirugía fina, no siempre vale la pena y son unos dineros, es mejor encontrar un buen SF de principios de los ‘70 y meterle mano sesualmente y hasta el fondo, que se dejan.

¿Qué amplis se salvaron de la criba? Prince­ton Reverb y Deluxe Reverb. Llevan el circuito SF fetén. Por eso cuestan un ojete de la cara, porque con un poco de mimo SUENAN QUE SE CAGA LA PERRA. Ni trafos ultralineales, ni masters, ni ideas glanderianas.

El maestro de la banda (y del ‘67, oiga)

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Cojones ya, vamos a hablar del mileniarismo. Si nos remontamos a la época de las primeras tostadoras y sandwicheras de Fender, tenemos el Bandmaster Tweed que se fabricó entre el ‘53 y el ‘55. No tiene nada que ver con las ver­siones sesenteras. Son los famosos “wide pa­nel” (se diferencian de los “narrow panel” por­que el panel superior del frontal es más ancho, asín de sencillo, nada más y nada menos).

Básicamente, el Bandmaster 53-55 era un Pro con tone stack (treble & bass). El Pro lo sacaron un año más tarde con tone snack.

Y ahora viene lo bueno, agárrarsen el miem­bro viril a dos manos: en 1955 llega el Band­master Tweed de 3x10”. ¿Comorl¿ ¿Un 3x10”? ¿Pero si los onis no llegaron a la tierra hasta 1980?” (lease los comienzos de Rita Barberá en política). Posi, con la configuración más “in­novadora” de Fender hasta la fecha, pero en un pedazo de señor cacharro. El BM ‘55 metía tres conos de 10” en un mueble de bassman. Que sí, que sí, que no tiene nada que ver con el bandmaster del artículo, así que: un, dos, tres, responda otra vez ¿Por qué se está poniendo el Bestron tan pesado con este bicho?

Tan sencillo como que más de uno tenemos grabados en el ADN el sonido de ESE ampli y una Gretsch gracias al “Who’s Next” de Los Pecos ingleses con fuzz. Pete Townshend lo usó en ese pedazo de disco y muchos otros, pero el Who’s Next suda Bandmaster Tweed del ‘55 por todos sus poros.

Volviendo al ’67, esta vez de verdad de la buena. Este ejemplar vino de USA hace unos 8 años y fue de los primeros en infectarme con el virus de Fenders viejunos. Costó unos 400 eu­ros, vino intacto y me hizo descubrir las mieles de los silver trim. Ayns, que me pongo tierno…

Meses después ya estaba enfrascado en la búsqueda de mujeres con los pechos gigantes por internet y a ratitos más Fenders viejunos por ebay.

Construcción y sonido

Una vez más, típica construcción Fender en amplis de dos canales. Tolex negro, el famoso “silver trim”, la cara plateada con un ribete azul y el grille plateado. El primero tiene vo­lumen y ecualización para agudos y bajina­les. El segundo más de lo mismo pero con trémolo, que es la repera. Los dos canales tienen dos entradas (Hi y Low) y un selector de Bright, que para mi gusto a este ampli le sobra porque ya es bastante agudito sin ne­cesidad de darle más cuchillo treble. Quizás le pueda venir bien con Gibsons, con Fenders para surf y poco más, lo normal es que tires del control de treble por debajo del 7 y ya ahí es agudo de narices.

Por detrás el ON/OFF, el Standby, entrada de vibrado y dos salidas para dos pantallas. Sen­cillo, sin mucha historia y ready to rock.

Es un ampli limpio en gran parte del reco­rrido, no es como un Bassman o Tweed Deluxe que a partir del 3 ya empiezan a rajar como perras. El BM se mantiene limpio (¡y a qué volumen señora!) hasta más de la mitad. Con singles se puede apretar un poco más y con dobles ya sí que cruje – cra-cka. Es un am­pli que da mucho juego para experimentar con pantallas distintas y lo mejor es que para mi gusto se lleva igual de bien con una 1x12” que con una 4x12” y todo lo que haya en me­dio (hasta una 2x15” de un Dual Showman que tuve unos meses en los locales de tocamien­to musical). Con una pantalla de 2x10” tiene un rollito chilloncete cojonudo para el que le da más al rianga rianga que al piru piru, con una 1x12” es más contenido y versátil, con una 2x12” se suelta la melena y le puedes endiñar con todo lo gordo, etc.

Las dos 6L6s no son tan dulces como unas buenas 6V6 pero tienen más pegada y para ciertas cosas son más útiles, sobre todo a la hora de meterle chichita por medio. La rec­tificación a diodos también ayuda a tener un sonido más “directo” y una sensación de más mala leche. No es tan dulce y cantarín como un Deluxe Reverb, pero para country es sen­sacional, para funk corta como un cuchillo y para blues si le metes una strato le sacas un tono Buddy Guy para meerse, peerse y cagar­se, todo a la vez. Llévate papel para el culo al local. Imprescindible.

Sin que sirva de precedente, el BM me encan­ta con Gibsons. Métele una Paulova o Aseregé y le sacas un rollo 60s Beat mo-nu-men-tal. Le quita un poco de ese “twang” pero consigues sacar el lado menos chillón del ampli, suenan más redondos y dóciles, aunque si le aprietas o le metes la zarpa sigue diciendo “estoy ahí payo, te ví a de robal la cartera de los agudos”. Me siguen gustando más con Fenders y es que no hay nada como una buena tele o strato para sacarle el sonido americano puro y duro.

Conclusión

Los silverface tienen muy mala fama, aun­que la fiebre “vintage” está empujando los pre­cios a marchas forzadas desde hace años. Da igual que el ampli sea una castaña, si es viejo no baja de los 300 euros. Por suerte todavía se ven Silver Trims a precios majos. El que quie­ra un blackface con piel de silverface que se lance a por uno YA, dentro de unos años habrá pocos, caros y seguramente maltratados por el paso de los años y los desalmados del taladro o el tuneo. Como decía más arriba – son unos pocos de mediados y finales de los años ‘70 los que dieron mala fama a los silverface. El resto es una jodida delicia.

Y no me canso de decirlo, esto ha salido en cienes y cienes de discos. Lo han usado cie­nes y cienes de chicken-pickers en todo tipo de garitos, pequeños, medianos y hasta granjas.

Un bluesman al que le guste el rollo Chicago se sentirá en casa con esos agudos que tala­dran el tímpano y con un poco de reverb puede meterse desde Otis Rush hasta Slim Harpo. O engancha una Jaguar/Jazzmaster, enchufa un reverb a válvulas y a darle a los Ventures hasta el amanecer.

En inglés es el “Maestro de la Banda”, pero yo creo que lo deberían rebautizar “El Puto Amo de la Banda”. El Bandmaster reproduce el clásico sonido limpio Fender, o, speaking in silver, “ese” sonido.

Chals Bestron

Fender

Bandmaster 1967 (silver trim) AB763

Cabezal AB Potencia 40W

2 - Normal y con trémolo

Seleccionable

desde panel frontal

2 x 4Ω 2 x 8Ω 1 x 16Ω

Previo, 12AT7, 12AX7, 2 x 7025 Potencia, 2 x 6L6GC

Tolex Negro

24x61x20 cm

15 kg

 

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