Revista de Guitarras

I Walk the Line

J.W. II caminaba a paso ligero por el arcén de la autopista, casi sin ser visto por los coches que pasaban a pocos metros de él. La fina lluvia le tenía totalmente empapado y debajo de sus botas solo encontraba trozos de botellas de plástico y barro.

Todo era frío y gélido a su alrededor, ni siquiera su cazadora militar le podía proteger de una manera cierta de aquel pequeño apocalipsis que le rodeaba. Las entradas de aceleración eran peligrosas, no podía tener ni un descuido, aquel arcén era estrecho a pesar de ser una autopista de grandes dimensiones. Cuando la lluvia empezó a ser más intensa, optó por deslizarse hacia la parte baja por donde fluía un agua marrón junto a los restos de basura automovilística.

Llegó al punto donde la valla de separación estaba agujereada, pasando así hacia la vía de servicio que daba a un inmenso polígono industrial. En ese momento, se detuvo y respiró tranquilo bajo la espesa lluvia mientras escuchaba a través del abollado walkman el Down on the Street de los Stooges. Ciertamente, aquello era algo que le hacía sentirse más vivo en un mundo donde no existía casi nadie, era como un chico invisible a los ojos de la gente. Ni siquiera su padre J.W senior, le tuvo en mucha consideración. Así que su única compañía, era aquel viejo walkman Sony en el que escuchaba cintas de cassette que encontraba por los arcenes de la autopista o en la basuras del polígono.

Corrió por varias calles entre naves de construcción metalúrgica, llegando hasta unos contenedores que se encontraban justo al lado de unas oficinas. Muchas veces, colocaba en su bolsa suficiente materia prima para alimentar su espíritu cada vez más etílico y perdido. De todas formas no estaba mal para ser su primera incursión de la semana, encontró algunas revistas de economía, catálogos empresariales y una botella 100 Pipers medio llena, quitó el tapón de un solo tirón, pegando un trago corto pero intenso y sabiendo que aquel whisky escocés le daría el calor necesario para el camino de regreso a su escondite.

Volvió por el mismo sitio desde donde había accedido al polígono, y la lluvia seguía castigando aquel asfalto mermado por el duro clima. Su refugio estaba a un lado de la autopista, en un pequeño recoveco situado sobre un campo de naranjos. Al otro extremo, se alzaba una lujosa urbanización con edificios acristalados de varios pisos color ocre que embellecían el paisaje cuando caía la tarde a los reflejos del sol, y justo a un lado, se encontraba un lago de aspecto pantanoso lleno de ranas y trozos de madera flotante. Aquel era su lugar de descanso, sobre todo en los calurosos veranos, cuando escondía alguna botella de whisky para mantenerla más fresca.

Al día siguiente se levantó muy temprano y se dirigió hacia un gigantesco trébol con varios puentes y direcciones, era un espectáculo observar el inmenso tráfico. Se introdujo por unas tuberías de desagüe para acceder al otro lado de la calzada y así poder revisar el otro arcén que se encontraba más al norte. Con su Walkman, seguía escuchando el Fun House de los Stooges, que recogió de un accidente donde quedaron destrozados varios coches y un camión. El fuego lo quemó casi todo pero pudo rescatar algunas cosas. Aquellos naufragios en la autopista, le proporcionaban muchas veces buenos discos de rock and roll, alcohol y hasta algún que otro santo o cristo de los cuales tenía una buena colección.

Observó una columna de humo unos metros más adelante tras una curva, y aceleró su marcha. Al doblar, vio un Chevy que ardía de una manera violenta por la parte delantera. Al acercarse más, pudo comprobar que era un imponente Chevrolet Silverado con unos asientos de cuero negro. Lo extraño es que no había nadie y sonaba el I walk the line que Johnny Cash grabó de nuevo para Columbia en 1964, abrió la puerta con decisión y empezó a remover la parte trasera… una botella de ginebra Seagram´s, un pack de Pepsi Cola caliente, un paquete de Marlboro blando casi lleno y la caja del I walk the line, se dirigió a la parte delantera y sacó rápidamente el disco del lector mientras sonaba ya el Bad News… me vuelve loco ese cabrón!!! joder ya lo creo, joder ya lo creo! … se decía a si mismo el joven J.W.

Nada más cerrar la puerta y lanzarse hacia atrás por el calor, el fuego había hecho pasto de esa preciosa obra de ingeniería. Sin perder tiempo y con su bolsa llena de nuevas delicias, volvió sus pasos por la tubería mal oliente, donde llegaban aguas subterráneas mezcladas con el torrente de lluvia que venía cayendo desde hacía días. Una vez más en su refugio, colocó cada cosa en su sitio, las botellas, el tabaco y su nuevo disco de Johnny Cash, que puso justo al lado del disco que grabó en directo en la cárcel de San Quentin en 1969. Un verdadero lujo del artista más grande de América junto a Elvis y Dylan.

Muchos sábados por la noche y en honor al viejo de Arkansas, J.W se instalaba en las orillas del lago para escuchar el Johnny Cash at San Quentin en un tocadiscos que conectaba a una batería Lifeline que encontró en un container del polígono. Siempre tiraba piedras sobre aquellas aguas estancadas mientras sonaba A boy named Sue, Wanted man o el Folsom prison blues, y reía y gritaba como un chiquillo.

Con la única compañía del croar de las ranas, Johnny Cash y el rugido de la ciudad que escuchaba en el silencio de la noche , el chico montaba buenas fiestas con alguna botella de licores mezclados a lo largo de varias semanas y un tarro de crema de cacahuete con pan tostado que conseguía en el área de descanso más cercana. Algunas noches, escuchaba aquel rugido en silencio, y dirigía su mirada a la intensa luz que emergía detrás de las montañas que rodeaban la autopista… más allá de la autopista, más allá de las montañas, más allá , chico…

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