Revista de Guitarras

Miss you

La mañana era ciertamente espléndida y el chico sabía lo bueno que era eso. ¿Alguna razón? Tal vez la razón era sólo sensitiva, simple y llanamente. Esa sensación de sentir que el día iba a ser eterno, radiante, inamovible, amable, sinuoso como una bonita canción, hermoso como una fuente de chorros abundantes, mágico como una goleta en medio de un mar silencioso… Eso pensaba exactamente John mientras sorbía un café de grandes proporciones del que sobresalía una cremosa espuma de nata que relamía como un gatito mimoso y somnoliento.

La luz en ese momento era anaranjada y apacible, y la barra se encontraba vacía, ni siquiera el camarero ocupaba su puesto. Hacía rato que hurgaba por el interior de la trastienda y de vez en cuando se oían sensibles ruidos y golpes de cajas y botellas.

Una enorme foto de Saint Vincent Paul Church ilustraba una parte de la barra junto con otras de edificios y apartamentos de estilo angelino y californiano, todas ellas rematadas por alargadas palmeras y carteles publicitarios. En el otro extremo, una espectacular imagen de las Watts Towers completaba aquel álbum de postales eléctricas.

Al salir de la cafetería, una bandada de pájaros cruzaba la ciudad de norte a sur en perfecto orden, cambiando de posición de una forma geométrica y sincronizada. Una singular expresión de estupefacción y sosiego le cubrió la cara.

En unos pocos metros llegó a la tienda de discos, su amigo ya había abierto y todo estaba bien. John se colocó en su taburete, junto a la caja registradora, mientras su socio colocaba los discos de forma correcta; lo hacía con mimo y sumo cuidado, se notaba.

Un grupo de chicos skinhead entró de forma resuelta repartiéndose entre diversos cajones de ska y oi!, comentando algunas portadas y diversos datos de créditos entre ellos. Una solitaria chica apareció poco después, tenía un aspecto gracioso pero muy vacilón. Mientras barajaba discos de Tamla Motown con cierto desparpajo, JW pudo observar un tatuaje en cada uno de sus brazos. Ambos tattoos eran una especie de serpientes y dragones psicodélicos que rodeaban de una forma completa sus delgadas muñecas. Mientras seguía con sus quehaceres, masticaba un chicle que saboreaba con placer entre sus blancos dientes y sustanciosos labios. Labios que poblaban una sugestiva y amplia boca de la que soltaba en algún momento un enorme globo que estallaba entre el “Miss You” de los Stones.

JW la observaba con cierto aire de complicidad, la chica advirtió aquel detalle y en un alarde de respuesta le dedicó otro globo con estallido final. Una vigorosa sonrisa fue el resultado, y en aquel momento pudo ver con más claridad un flequillo estilo Chrissie Hynde que le llegaba hasta la altura de unos ojos redondos y chispeantes. Además, de su pelo negro sobresalía una coleta saltarina que se balanceaba con el mismo descaro que su pícara mirada.

Al mismo tiempo que ambos encontraban un punto de conexión, otra chica se cruzaba entre ellos portando en sus manos una edición del “John Wesley Harding” de Bob Dylan.

John recordó al John Wesley que fundó la iglesia metodista y que fue una gran revelación para su padre y, de alguna manera, también para él. Por su parte, John Wesley Harding se convirtió en un forajido que mató, según cuentan las crónicas, a más de cuarenta personas en la América salvaje del siglo XIX. Coincidencias del destino, también fue hijo de un pastor metodista.

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La chica le dejó el disco en la mesa. John lo cogió con delicadeza y lo metió en una bolsa después de cobrarle.

-Espero que esté en buenas condiciones, desde luego parece intacto -le dijo la muchacha.

-Seguro que no lo ha escuchado nadie desde 1967 -le contestó con sorna.

La chica sonrió con cierto aire de intriga y abandonó la tienda.

El trasiego de gente era rápido, algunos retrasaban su marcha realizando diversas observaciones, otros eran más raudos y atrevidos en su elección. John era muy atento a todo tipo de personajes y miraba con interés sin decir nada.

-Como en todas partes, el mundo gira, el mundo ruge lleno de rabia, como las canciones pop de Ramones -pensaba John.

Para él, la historia de la humanidad estaba en esos montones de discos apilados como si de la biblioteca vaticana se tratara. Posiblemente, ahí encontraba sus respuestas muchas veces. Todas las respuestas a sus dudas.

La chica de los tatuajes era la única que continuaba en la tienda, se mostraba solícita, tal vez a la espera de algún muchacho simpático aunque, al parecer, todos debían de tenerle algo de respeto.

Por lo que, sin inmutarse, seguía con su chicle burbujeante y sabroso y, de vez en cuando, levantaba un disco de algún cajón que miraba por delante y por detrás.

John estaba absorto ante aquella chica, había algo curioso e incluso misterioso en ella, pero no lograba alcanzar el qué. Tal vez quería adivinar qué disco se iba a llevar, tenía una curiosidad que iba más allá de lo puramente elemental, era algo diferente, indescifrable, algo tan inquietante como una princesa salida de un camafeo victoriano a la espera de ser descubierta por algún explorador del tiempo como él.

John se rascaba la parte trasera de su cuello mientras la miraba con cara de chico con muchos interrogantes.

-Nunca sabré realmente de que está hecho el mundo -se decía en voz baja mirando a la chica.

-¿Lo sabré alguna vez? -se preguntaba ahora, mirando la portada del “Some girls” que tenía en un cajón frente a su mesa.

Metido en sus inútiles pensamientos no lograba entender nada… En ese momento una voz le dijo:

-Hola.

John levantó la cabeza y sólo logró espetar un hola desconcertante.

La muchacha se quedó en silencio, mirándole con una inmensa sonrisa mientras seguía masticando el chicle.

-¿Sólo piensas decirme eso? -dijo John.

-Hola otra vez -replicó con otra sonrisa.

El chico hizo una mueca graciosa echándose el pelo hacia atrás como tantas otras veces en las que la timidez le vencía.

-¿Buscas algo en concreto? -dijo ya con un semblante más sereno.

-No lo sé con certeza, a decir verdad busco algo, sí, pero… -un nuevo globo de gran proporción salió de sus labios.

John la miraba con los ojos abiertos como platos a la espera de alguna respuesta concreta.

-Te estás quedando conmigo, me temo -dijo.

-¿Tú crees?

-Yo creo en muchas cosas, y otras veces no, pero normalmente creo, sí . ¿Y tú, en qué crees?

John se quedó en silencio, la muchacha también, ahora era ella quien esperaba alguna respuesta concreta.

-Tal vez en chicas como tú -le contestó mientras miraba hacia la puerta de la tienda-. Tal vez en chicas como tú, sí -le volvió a decir mientras le miraba directamente a los ojos.

-Ésa…, ésa no es una respuesta convincente chaval -contestó en tono tajante.

-Eso tú no lo puedes saber con certeza, no me conoces.

-¿Estás seguro?

John la miró con respeto, con cierto desánimo, con cierto temor…

-No, claro que no estoy seguro de las cosas que digo, nunca estoy seguro de nada.

-Eso me gusta más, chico inseguro -le dijo mientras le tocaba el mentón con mucha soltura y confianza.

John le puso en la mano el single del “Miss You”.

-Creo que buscabas esto -le dijo con cierto cinismo.

-¿Me lo regalas?

-Es algo que no suelo hacer, pero sí. Te lo regalo.

La cliente desconocida miró el disco y se marchó sin decir nada.

Tras aquel incidente, su perplejidad se convirtió en un monumento a lo absurdo. John empezó a hojear un fanzine sin prestarle mucha atención. En ese momento una llamada de teléfono le devolvió a la realidad.

Toni Garrido Vidal

 

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