Revista de Guitarras

Overdrives de boutique


Los pedales de boutique se han convertido en un sector en auge dentro de la oferta actual de efectos para guitarra. Pensados como productos de gama alta, ofrecen calidad tanto en los componentes empleados en su construcción como en el ensamblaje de los mismos, generalmente alejado de los procesos automatizados que se utilizan en la producción a gran escala.

Además, la mayoría de ellos son True Bypass (la señal no pasa por el circuito cuando no lo tenemos en marcha, evitando problemas de degradación de señal), característica muy apreciada por aquellos músicos que han gastado una cifra respetable en su guitarra y/o en su amplificador. La calidad que suelen ofrecer va acompañada de un precio superior a la media que, en algunos casos, alcanza límites realmente alarmantes. Este elevado coste hace que no sean productos extendidos masivamente –descontando un par de excepciones- lo que, a su vez, aumenta la exclusividad de los productos y el G.A.S. que despiertan en algunos de nosotros. Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce?

Para este número, hemos conseguido poner bajo nuestros pies tres modelos diferentes de pedales de Overdrive. Los hemos exprimido, ensayado y analizado a fondo, para poder dar nuestra impresión acerca de cómo suena cada uno de ellos, en que campo se defiende mejor y cuáles son –si las hubiera- sus carencias. Hemos grabado también muestras de audio de todos ellos de forma que podéis escuchar la paleta de sonidos que ofrecen.

Ficha de la grabación:

Contamos con las manos de Manu Vicente, guitarrista profesional afincado en Utiel (Valencia), buen amigo y mejor persona. Armados con una Fender Telecaster Ritchie Kotzen Signature japonesa y una Gibson Les Paul Studio, nos fuimos hacia. Studio 54, estudio profesional dirigido por Dani Cardona, una institución dentro del panorama pop de la ciudad de Valencia. Allí utilizamos un Combo Marshall Bluesbreaker Edición Limitada de 1997, equipado con dos altavoces Celestion G12M, recogimos la señal con un micrófono de condensador Sony C-48 con el fin de asegurar una respuesta lo más plana posible, y empleamos un previo NEVE. Las muestras no han sido tratadas a posteriori para interferir lo menos posible en la nitidez de los matices que ofrece cada pedal. Que vuestros oídos decidan.

Qué tenemos entre manos

El primero de los pedales es un Cream Tone de la marca neozelandesa G2D. Según comentan en su web, es un overdrive clásico que nos ofrecerá un sonido cremoso. Y vaya si lo es.
De construcción recia, pero con un acabado elegante, nos ofrece a las primeras de cambio un tono brillante pero en absoluto estridente. Realza el brillo de la guitarra manteniendo un buen balance graves-agudos. El nivel máximo de drive no alcanza para saturaciones más allá del power blues aunque, a pesar de esto, el potenciómetro permite obtener matices distintos en todo su recorrido.

El control de tono está muy equilibrado y nos ofrece una paleta de registros altamente musicales, aunque nuestra impresión es que no es excesivamente versátil. Tanto por los niveles de drive que ofrece como por el tono que se obtiene, el pedal será un perfecto aliado para aquellos que busquen un sonido bluesero al estilo B.B. King. Sin embargo, no parece que esté diseñado para ir más allá en lo que a overdrive/distorsión se refiere, por lo que a más de uno se le puede quedar corto.

Además, este modelo es un 2 en 1: tenemos un pulsador adicional que nos permite aumentar el nivel de salida del efecto, regulando éste con un potenciómetro indicado como “solo”. La gracia de este booster incorporado radica en que el incremento del volumen no varía en absoluto el nivel de saturación que nos ofrece el pedal: perfecto para hacerse oír en los solos sin cambiar ni un ápice el tono alcanzado.

Parece que ese tono blusero funciona a la perfección incluso con guitarras de semicaja aunque, para mejorar el rendimiento, los fabricantes de G2D han introducido en los nuevos modelos fabricados a partir de 2006 una serie de mejoras. Los controles internos introducidos permiten optimizar la respuesta del pedal en función de las pastillas que empleemos. Con ellos, podremos conseguir dos tipos de respuestas diferentes en lo que se refiere a los graves y al drive ofrecidos. Una buena idea, desde luego.

Por último, el pedal presenta las conexiones tanto de los jacks como de la alimentación por el lateral superior de la caja. Aunque para el que escribe estas líneas, esa es la opción más razonable a la hora de construir un pedal de efecto -permite aprovechar mejor el espacio en un set-up con varios pedales- no es la opción más empleada tradicionalmente y puede incomodar a algún “purista”.

En segundo lugar nos enfrentamos a un Blue Boy de MI Audio, la mayor empresa de construcción de pedales boutique de Australia. Este modelo ha evolucionado con el tiempo y, actualmente, sólo se puede conseguir el Blue Boy Deluxe. En realidad es el mismo pedal, pero los fabricantes han sacado al exterior una serie de controles que, en el modelo original, estaban alojados en el interior de la carcasa. De esta forma no es necesario abrir la caja para regular y optimizar el rendimiento del efecto.

El pedal emplea una caja pequeña tipo MXR, pintada y serigrafiada de forma pulcra aunque austera. Los conectores para los jacks y la alimentación externa –admite hasta 25V- se sitúan en los laterales, de forma clásica.
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El efecto está basado en el clásico Tube Screamer, considerado por una gran cantidad de guitarristas como el mejor overdrive fabricado a lo largo de la historia. Los creadores del pedal, al igual que han hecho infinidad de constructores, indican que han variado el circuito original para mejorar ciertas carencias del TS original. A la hora de la verdad no encontramos tantas mejoras como las que proclaman en su web.

El sonido es el clásico que uno espera en un TS. Calidez, tono realzado en las frecuencias medias y cierto grado de compresión en la señal, especialmente para valores de ganancia elevados. Pero ¿y el paso más allá? El control de tono adolece de los mismos problemas que se puede encontrar en un TS. A pesar de que esa parte del circuito ha sido “mejorada” con respecto al TS, pasando de ser un simple filtro de agudos a un sistema que controla simultáneamente los graves y los agudos, nos encontramos con un sonido desprovisto de cuerpo para valores bajos del control de tono, lo que hace que el rango útil de ese potenciómetro quede parcialmente reducido. Sí que han conseguido aumentar considerablemente tanto la respuesta de graves frente al modelo original como los niveles de drive disponibles. Esto lo convierte en un modelo algo más versátil en cuanto a estilos se refiere, ya que permite alcanzar cotas de distorsión realmente superiores a las del TS original. Pero, ¿eso es todo?

Los controles internos – que en los modelos actuales se sitúan en el exterior del pedal en forma de mini potenciómetros- afectan principalmente al control de tono del efecto. Podemos incrementar la respuesta de los graves, podemos modular la respuesta en frecuencias medias –tan presentes en un modelo basado en el TS- y podemos controlar el brillo obtenido en el sonido final, ajustándolo en función del equipo que empleemos. Sin embargo, el modelo antiguo obliga a abrir el pedal para realizar el ajuste, por lo que lo normal es buscar un sonido adecuado para nuestras necesidades y mantenerlo constante durante mucho tiempo. Un sistema poco práctico y que hace comprensible la decisión de los fabricantes de situar en el exterior estos controles.

La gama de sonidos que podemos obtener es muy amplia, pero es difícil deshacerse de ese tono tan característico, centrado en las frecuencias medias, que ofrece el TS. Un buen pedal aunque, sinceramente, esperábamos algo más.

Por último, tuvimos la suerte de probar un Hermida Zendrive. Y decimos “la suerte” porque este pedalito –como todos los que fabrica el Sr. Alfonso Hermida- tiene una lista de espera que puede superar ¡¡¡los dos años!!! ¿Está esto justificado? Ya lo creo que sí.
El Zendrive se presenta en una carcasa pequeña, también del estilo MXR. Un acabado muy atractivo, con el símbolo del Ying-Yang en el frontal y los laterales de la caja en negro. Los jacks y el conector para alimentación externa, de nuevo, en los laterales.
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Los controles que presenta son los standards en un overdrive (ganancia, tono y volumen) junto con un control adicional denominado “Voice”. En cualquiera de las posiciones en que coloquemos los potenciómetros obtenemos un sonido definido, respetuoso con el tono propio de la guitarra, con una dinámica fuera de serie y una riqueza de armónicos muy por encima de lo normal. Realmente hay que oírlo para darse cuenta de que este circuito tiene algo que no tienen los demás. Y es, entonces, cuando comprendemos tanto lo de la lista de espera como los desorbitados precios que se manejan en los mercados de segunda mano.

El rango de ganancia que presenta es más que suficiente para alcanzar tonos rockeros. Sin embargo, donde mejor se mueve es en las saturaciones suaves: no busques “high gain” en este modelo: está pensado para otros menesteres.

El control de tono es el más útil que hemos escuchado en un pedal de estas características: no se limita a eliminar unas determinadas frecuencias. Tanto al mínimo como al máximo obtenemos respuestas altamente musicales, con multitud de matices y, si a esto le sumamos el potenciómetro de “Voice”, la variedad de tonos que podemos alcanzar con este efecto es verdaderamente brutal.

En su web –en la que, por cierto, no abunda la información- comentan que este control de “Voice” varía las características tanto del tono como de la ganancia. En nuestra opinión, parece que afecta principalmente a la riqueza de armónicos que aporta el pedal, dándonos tonos muy ricos, amplios y…difíciles de describir con palabras.
En definitiva, un pedal de 10 sobre 10. Hacía mucho tiempo que no escuchábamos algo que nos sorprendiera tan gratamente. Lástima lo de la lista de espera.

David Vie

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