Revista de Guitarras

Johnny Winter. Santo y pecador

Nacido en una familia con inclinaciones musicales (su padre saxofonista, su madre pianista) comenzó con el clarinete a los 5 años, el banjo y el ukelele y la armónica a los 9 años. Paso buena parte de su infancia pegado a la radio devorando todo el blues que por entonces se radiaba en la década de los 50, principalmente del legendario sello de Chicago Chess Records. J. Winter se impregnó de toda aquella musica negra y quedó cautivado de por vida con aquellos ritmos. A los 15 años forma su primera banda, ya con la guitarra, junto a su hermano Edgar a los teclados. Johnny and the Jammers era el nombre de aquel primer grupo con el que estuvieron realizando actuaciones por diferentes clubes de la zona y consiguiendo cierta relevancia a nivel local.

Pero J. Winter queria algo más que tocar en pequeños locales y honky tonks donde aún se mostraba poco interes por el blues. En su mente solo habia una cosa, la ciudad de Chicago. Porque allí en Chicago se encontraba en ese momento toda la escena blues de primera división compuesta por gente como Little Walter, Muddy Waters, T-bone Walker, Howlin´ Wolf, etc. Sus heroes de infancia. Asi es que con 18 años (1963) se marcha a probar fortuna a Chicago. Pero la ciudad, que ya contaba con los héroes genuinos, no tenía cabida para imitaciones y menos si venían de un joven blanco. Curiosamente el rechazo por ver a un tipo albino tocando blues era mayor en los clubes de blancos que en los clubes para negros. Su mayor hazaña en la ciudad fué hacer algunas actuaciones en la banda de Mike Bloomfield. Decepcionado y ante la falta de disposición de la escena blues en Chicago hacia su figura, en menos de un año se ve obligado a regresar a casa.

A su vuelta decide unirse de nuevo a su hermano Edgar y forman J.W & The Black Plague (nombre irónico para la banda ya que su hermano también era albino). En esa época graban “Eternally”, un single que les hace Atlantic Records y con el que consiguen cierta notoriedad en Texas y Lousiana. Tras numerosas giras durante casi cinco años por todo el sur de Estados Unidos, J. Winter decide formar un trío llamado Winter junto a Tommy Shannon (bajista) y “Uncle” John Turner (batería). Es con este trío con el que comienza a obtener una mayor repercusión en el resto del país logrando con ello llamar la atención de un periodista de la revista Rolling Stone, el cuál en un artículo define a J. Winter como “un albino bizco de unas 138 libras y de larga pelambrera, capaz de tocar los más explosivos y fluidos guitar blues que hayas podido escuchar”. Este artículo le posibilita entre otras cosas que Imperial Records, un pequeño sello de la época, le grabe su primer disco en 1968, “The Progressive Blues Experiment”. Aunque este disco no saldría a la venta hasta el año siguiente.

1969 es el año en el que la carrera de J. Winter estalla definitivamente. Arropado por una emergente escena británica en la que una nueva generación de jóvenes estaba llevando el blues-rock otra vez a las listas de éxito (Clapton, Savoy Brown, Ten Years After, etc), todo se pone de cara para un joven Winter al que en ese año le ocurren una serie de hechos trascendentales que marcarán el resto de su carrera. Si duda el hecho mas relevante es fichar con CBS (Columbia) un contrato de 300.000$ al año con el que se convierte en el artista en solitario mejor pagado de la época. En mayo graba una sesión en The Record Plant junto a Jimi Hendrix. En agosto de ese mismo año, Winter actúa en el mítico festival de Woodstock. Y por fin en ese mismo año, presenta el que sería su primer disco oficial llamado como él, Winter. A este le sigue Second Winter (1969). En 1970 la carrera de J. Winter sufre un nuevo punto de inflexión, conoce a Rick Derringer y su banda. Una unión con la que se concibieron algunos de los mejores discos de J. Winter como Johnny Winter And(1970) y Johnny Winter And Live (1971) grabado en el Fillmore East de New York y en el Pirate´s World de Florida. Un disco este último considerado uno de los mejores directos de la historia del rock. La época con la banda de Rick Derringer le dió todo y casi se lo quita todo. J. Winter cae en esos años en la heroina y entre el 71 y el 73 se los pasa de hospital en hospital purgando los excesos de tan letal afición.

En 1973 regresa más o menos recuperado y graba 5 discos con los que trataría de recuperar su estatus de estrella del blues. 5 magníficos discos que retratan su mejor época intermedia: Still Alive and Well (1973), Saints and Sinners(1974). Y con una filial de CBS llamada Blue Sky graba John Dawson Winter III (1974), Captured Live (1976) y Nothin But The Blues (1977), en la cual se acompaña de la banda de Muddy Waters. Este precisamente supone otro momento crucial en la vida y carrera de J. Winter, su encuentro con Muddy Waters. Su héroe e icono de toda la vida. J. Winter produce para él 4 discos con varios premios Grammy. Aunque en la época de trabajo con Muddy Waters aún graba un par de discos más, White Hot And Blue (1978) y Raisin’ Cain (1980), Winter estuvo entregado por completo a él y dejó aparcada su propia carrera para estar al lado de su héroe de infancia hasta que este falleció en 1983.

Tras la muerte de Muddy Waters, J. Winter retoma su carrera en 1984 fichando por la compañía Alligator Records con la que graba 3 discos espectaculares, Guitar Slinger (1984), Serious Business (1985) y Third Degree (1968). Todos ellos con nominaciones a Grammy y en los cuales la guitarra de Winter dispara como una ametralladora riffs y licks salvajes en el mejor estilo de blues tejano que uno halla podido oír. Dificilmente puedes encontrar en otros guitarristas solos con slide como los aparecen en estos tres discos. Blues eléctrico, crudo, exagerado y generoso. Según el propio J. Winter reconoce nunca ha sido un gran compositor, de hecho la mayoría de su carrera esta basada en versiones y composiciones de otros artistas, sobre todo de su hermano Edgar y de Rick Derringer, pero es un gran improvisador. Capaz de hacer solos de guitarra interminables y mantenerte atento sin respiración, tratando de asimilar cada frase y cada giro, dejándote al terminar el solo como si una manada de búfalos te hubiera pasado por encima. Es en estos tres discos donde puedes encontrar al mejor Winter guitarrero, una enciclopedia de tres tomos de guitarra blues “texas style” y slide.

Johnny Winter. Santo y pecador.

En 1988 graba The Winter of 1988 un álbum que pasa desapercibido pero es uno de los más eléctricos de su carrera y que merece la pena tener en vinilo aunque sólo sea por la portada y contraportada. En 1991 J. Winter regresa al estudio y da a luz a uno de los mejores trabajos de su carrera, Let Me In. Un disco en el que se acompaña de gente como Dr. John y Albert Collins. Una grabación excepcional y un perfecto resumen del estilo de Johnny. Este disco supone el primero con la compañía Pointblank con la que lanzaría Hey, Where’s Your Brother? (1992) y Live in New York City 97 (1998). En 2004 lanza I’m a Blues Man, su último trabajo en estudio hasta la fecha.

La discografia de J. Winter es tan extensa que está plagada de decenas de recopilatorios, sesiones de estudio y directos no oficiales imposibles de listar.
A dia de hoy J. Winter sigue girando por el mundo llevando su blues tejano a todos los rincones. Con una salud muy debilitada debido a los excesos con las drogas y prácticamente ciego debido a su problema congénito, apenas se tiene en pie. Toca sentado en un taburete y está lejos de ofrecer los directos incendiarios y salvajes a los que nos ha acostumbrado a lo largo de su carrera.

Johnny Winter representa el amor y la lealtad al blues como pocos artistas del género han sabido mantener. Toda su carrera se ha mantenido fiel a ese blues que escuchaba en la radio de su casa y que ha sido compañero de viaje en su enorme y prolífica trayectoria. Únelo junto con la era rock que le ha tocado vivir y tendras uno de los mayores legados de la historia de la música contemporánea. Una auténtica leyenda… de las de antes.
Como él mismo decía en una de sus entrevistas hace años: “Tío, una de las cosas que más fascinado me tiene y no logro entender porqué, es lo mucho que me gusta el blues. Hay un hueco en mi vida que solo llena el blues. Es para mi una necesidad“.

David Álvarez