Nico Bereciartúa
Nico Bereciartúa juega en primera división y es la prueba viviente de que, cuando la herencia, la actitud, el trabajo y las horas de vuelo se fusionan, el resultado solo puede ser incontestable.
Este guitarrista argentino de 46 años creció en un entorno nutrido de blues y rock, donde la música era un propósito de vida. Su padre, Víctor Bereciartúa (Vitico), y el guitar hero porteño Pappo Napolitano integraron Riff, una de las bandas fundamentales del heavy rock argentino de los años ochenta. Nico acompañó a Víctor en diferentes etapas de Riff y de Viticus, su banda desde 2002, grabando discos y girando hasta iniciar su carrera en solitario en 2014.
En 2015 recibió un premio Gardel al mejor artista de nuevo rock argentino, fue reconocido por la revista Rolling Stone por su talento guitarrístico y, poco después, sería fichado por Rich Robinson para la banda The Magpie Salute. Su carrera seguía consolidándose y, en 2023, fue elegido para incorporarse oficialmente a los carismáticos The Black Crowes, ocupando el puesto de auténticos animales de escenario como Marc Ford o Luther Dickinson.
Paralelamente a la banda de los hermanos Robinson, su trayectoria en solitario y sus participaciones con otras bandas continúan. En Cutaway Guitar Magazine hemos tenido la oportunidad de entrevistarle en medio de la vorágine de un tour kilométrico con The Black Crowes, que recalará en Alicante y Madrid los días ocho y once de julio, respectivamente. No os podéis perder la oportunidad de verle tocar en directo.
Espero que disfrutéis de esta entrevista.
¡Hola, Nico! Antes que nada, muchas gracias por tu tiempo. Sé que tienes una agenda apretadísima hasta, al menos, septiembre. ¿Dónde te encuentras ahora mismo?
¡Hola, Fernando! ¿Cómo estás? En este momento me encuentro con The Black Crowes en Nueva York. Ayer dimos un show en Mansfield (Massachusetts) y hoy tocábamos aquí, pero el concierto se ha cancelado por cuestiones de logística. Mañana volamos a Europa y hemos tenido que enviar con urgencia todo nuestro equipo para allá. En fin, cosas que pasan.
¿Finalmente te mudaste a EE. UU. o aún sigues viviendo en Argentina?
No, nunca me mudé a EE. UU. Siento que mi lugar en el mundo es Buenos Aires, es la Argentina, y me gusta vivir allí. Me encanta volver a casa y estar con mi familia, con mi perro y con mis amigos. No cambio eso por nada.
Comentemos algo sobre tu formación como guitarrista. Tocas desde los doce años y eres hijo del famoso compositor, cantante y bajista argentino Vitico Bereciartúa, por lo que los discos y los instrumentos estarían siempre presentes en tu infancia. ¿Qué tipo de formación musical recibiste en tu camino, ya fuera de manera reglada o informal?
Sí, ciertamente en mi casa había instrumentos, pero de pequeño no siempre los agarraba intentando tocar algo (risas).
Mi formación y primeros pasos en la guitarra fueron con Miguel Botafogo; mi hermano y yo estuvimos dando clase con él durante un año. También recuerdo un primer yeite que nos enseñó Pappo Napolitano en nuestra casa cuando ya tenía mi primera guitarra; era el principio de la canción «Sube a mi Voiture», de Riff, la banda que tenía con mi padre.
Después de las clases con Botafogo seguí de forma autodidacta, tocando sin parar sobre discos y sobre Mick Taylor, sobre todo, que es uno de mis guitarristas favoritos. Me gusta practicar algunos otros estilos por diversión, pero nunca me puse a estudiar seriamente cosas «muy técnicas”.

Nico con los hermanos Robinson
¿Qué rutina sigues con la guitarra para no perder la forma? ¿Tienes algún patrón de estudio diario que puedas compartir con nosotros para mantener los dedos ágiles y la mente despierta?
Bueno, cuando estoy de gira siempre caliento de alguna manera los dedos tocando un rato antes del show. Generalmente tenemos montado un cuarto de práctica, así que me meto allí, grabo unas partes de las canciones que vamos a tocar esa noche en el teléfono y toco un rato encima de ellas.
En casa, en Buenos Aires, cuando estoy más tranquilo, me gusta tocar con afinaciones abiertas. Siempre tengo guitarras cerca del sillón y, por lo general, están afinadas en Re, en Do o en Sol; con ellas toco otros estilos que también me gustan mucho, en la onda de Nick Drake y cosas así. Mi inspiración allá es más acústica y casi no enchufo guitarras eléctricas (risas).
Ya veo. Tus trabajos en solitario, como «Nico» o «Volviendo», tienen un carácter muy relajado y acústico, de inspiración folk y alejado de los decibelios y la velocidad. Sorprende si lo comparamos con la vertiente rock por la que eres más conocido.
Bueno, a mí siempre me gustó todo, pasaba de escuchar Black Sabbath a Nick Drake, como te mencioné antes.
Casi siempre fue así y para mí es importante desarrollar ambas vertientes como músico. Por una parte, la faceta rock and roll, que realizaba en su momento junto a mi padre en Viticus y que hoy me toca hacer con The Black Crowes y, por otra, la perspectiva o veta acústica.
Creo que está bien tener proyectos distintos; sería ilógico para mí iniciar un proyecto personal que fuera igual que todo lo anterior.
Tu álbum «Volviendo» comienza de una manera sorprendente. Poco predecible si tenemos en cuenta que se trata del disco de un artista argentino. ¿Coincide su momento de composición con el comienzo de tu trabajo con The Magpie Salute? ¿Cómo influyó esta banda en tu sonido y manera de tocar?
Yo escucho mucho blues; mientras más viejo, mejor. La voz de la canción que abre el disco Volviendo, «18 Hammers», es la de Johnny Lee Moore y está grabada por Alan Lomax; es el canto de los prisioneros en el Mississippi.
Alan Lomax hizo una contribución gigante al mundo grabando a artistas que de otra manera nunca hubiéramos conocido, aunque no sé cómo arreglaría con ellos los derechos de autor o regalías (risas).
La canción original es a capella, claro, así que siempre que la escuchaba pensaba en ponerle música. Finalmente lo hice y la combinación de ambas cosas quedó en ese disco.
Con respecto a mi paso por The Magpie Salute, tengo que decir que Rich Robinson y The Black Crowes influyeron en mi manera de tocar, en la forma de hacer canciones, de pensar en la música, en todo.
Obviamente, compartir proyectos con él es una fuente de inspiración diaria.
Tu canción «¿Qué quieren de mí?» es una curiosa mezcla de rock sureño de granero con el germen vocal del legendario Pappo Napolitano. ¿Qué significó este guitarrista para ti? ¿Crees que has aprendido algo de él que te haya servido como herramienta en tu carrera?
Sí, por supuesto que aprendí muchísimo de Pappo, uno de mis guitarristas preferidos. Tenía una fluidez y un buen gusto al tocar que no muchos guitarristas tienen. Era un ser muy querido por mí y estuvo siempre muy cercano en mi desarrollo.
Iba mucho a ver a Riff y estuvo prestándome guitarras durante muchísimo tiempo; siempre tenía muy buena onda conmigo.
Yo tocaba el bajo con él en algunos proyectos, me eligió cuando podría haber conseguido a otros músicos más preparados de lo que yo estaba en ese momento (risas).
Tener esa cercanía con alguien a quien también admiraba como músico fue buenísimo. Bajo mi criterio, Pappo está entre los mejores guitarristas de la historia.
Las guitarras acústicas suenan preciosas en tus grabaciones. ¿Podrías decirnos qué calibre de cuerdas usas y si sigues algún tipo de pauta preestablecida para que el resultado sea impecable en estudio?
¡Gracias por el cumplido! Lo único que puedo decirte sobre eso es que uso un calibre .012 y que, en los aspectos técnicos de grabación todo tiene que ver con Larry Cuffia; un gran amigo con quien produzco mis discos. Casi todo lo grabo con él; usa buenos micrófonos, pero el audio que resulta se debe a su conocimiento, profesionalidad y talento.

Pedalera de directo de Nico con The Black Crowes
En tus composiciones llama mucho la atención tu técnica de slide. ¿Tienes alguna recomendación para los lectores que quieran hacer una primera incursión en ella? ¿Qué material y grosor recomiendas para obtener una mejor sonoridad?
Bueno, el slide es algo que me empezó a interesar y comencé a practicar casi desde mis inicios con la guitarra. Todo se debe a la película «Encrucijada» (Crossroads, 1986), a Ry Cooder, a Brian Jones, de The Rolling Stones; estos, a su vez, escuchaban a Robert Johnson o Elmore James, así que fui profundizando. Luego descubrí a Johnny Winter; en fin, son muchos.
Sobre la técnica, lo más lógico y lo que recomiendo es tratar de usar el slide en el dedo meñique y acostumbrarse a eso para tener los otros dedos libres; es más práctico. Igualmente, es mejor empezar con una afinación abierta como Re o Sol y así ya tienes ese acorde sonando al aire y, al apoyar el slide, vas formando más fácilmente los demás y las terceras y cuartas te sonarán mejor.
Lo importante es tocar justo al final del traste, sobre el metal y, si lo llevas en el meñique, con los otros tres dedos es bueno hacer presión y contención sobre él, no dejarlo suelto. Pulir la técnica lleva tiempo y es importante no frustrarse.
En cuanto a materiales, todo depende de para qué lo vayas a usar; a mí me gusta el vidrio porque suele ser más dulce para las guitarras eléctricas. En las guitarras acústicas funcionan muy bien los gruesos y los de bronce.
Recientemente te incorporaste a la banda argentina Natas. La conozco bien porque estuve metido de lleno en el stoner rock a finales de los noventa. ¿Cómo surgió esta oportunidad y cómo la compaginas con el resto de proyectos?
Lo de Natas surgió por una llamada de Walter Broide, su baterista, que me parece uno de los mejores que ha dado la Argentina.
En el pasado compartimos escenario en algunos shows que hice con Viticus. Luego Sergio Chotsourian (guitarrista y vocalista) me invitó a tocar en vivo con ellos alguna vez. Gonzalo Villagra, el bajista, grabó varias cosas para Viticus… En fin, siempre tuvimos una buena relación entre unas cosas y otras.
Walter me propuso incorporarme a la formación, llamé a Sergio para comunicárselo y finalmente acepté ya que él no quería participar en esta nueva etapa.
Yo los admiro muchísimo; su música siempre me gustó y esto me motiva mucho, así que estoy entusiasmado. Obviamente habrá gente descontenta porque el regreso de la banda no cuenta con su formación original, pero bueno, así son las cosas, al menos de momento.
Actualmente estoy de gira intensa pero cuando vuelva a Buenos Aires comenzaremos los ensayos y a preparar shows. Si la agenda con The Black Crowes me lo permite, el año que viene haré varias actuaciones con ellos.

Backline de Nico
¿Estresa mucho tocar junto a un tipo tan creativo como Rich Robinson? ¿Hasta qué punto deja dar rienda suelta a tus ideas dentro de The Black Crowes? ¿Nos podrías contar algo sobre la forma de grabar que tiene la banda?
No, la verdad es que no me estresa; son más de diez años tocando con él, empezamos en 2016 aunque lo conocí dos años antes. Hay una amistad importante de por medio y en alguna entrevista le escuché decir que, aunque él sea norteamericano y yo argentino, hay una conexión espectacular entre ambos porque crecimos escuchando lo mismo y nos gustan las mismas cosas.
Hablar el mismo lenguaje musical lo facilita todo y mi labor es trabajar tocando dentro de ese estilo y fusionar a la banda, respetando lo que está hecho y a los guitarristas que lo hicieron, como Marc Ford.
Para las grabaciones se suelen usar amplificadores muy viejos, tipo Fender 5E3, Vibrolux o Tremolux, todos muy rosqueados (risas); dentro del estudio se suele tocar en vivo, por lo que incluso las acústicas se graban en ese momento y no después.
¿Tienes algún ritual para calmar los nervios y concentrarte antes de salir a tocar delante de tanta gente o ya lo tienes tan interiorizado que no supone ningún reto?
Bueno, por más que uno se acostumbre, siempre tiene disparada la adrenalina antes de un concierto. Creo que cuando dejas de sentir esa dosis de vértigo que te proporciona la emoción de salir a tocar es que, quizás, ha llegado el momento de retirarte.
Mi ritual es repasar la lista de los temas y tocar un rato, eso me da seguridad; luego me voy al costado del escenario a charlar un poco con nuestro técnico, tomo un traguito de whisky, fumo un cigarro y espero la actuación tranquilo y relajado.
¿Cuál ha sido el concierto más emocionante que recuerdas, ya sea por el montaje, la cantidad de público o las colaboraciones?
Siendo un fanático de The Rolling Stones y de Faces, significó mucho para mí compartir escenario con Ronnie Wood y tocar «Stay With Me»; fue un momento muy, muy alto.
Igualmente, tocar con John Fogerty o delante de Jimmy Page y que luego te dedique unas palabras en persona y en su Instagram son cosas que eran inimaginables para mí y que se las debo a este trabajo con The Black Crowes.
Cuando suceden estas cosas se siente uno increíble. No soy religioso, pero en esos momentos uno siente que toca el cielo con las manos y estoy muy agradecido.
Ahora llegó el momento guitar nerd… ¿Con tu proyecto personal o con The Black Crowes has caído ya en el uso de los emuladores digitales en alguna ocasión o la logística aún te permite llevar amplificadores? ¿Qué opinión tienes sobre este tipo de herramientas?
No, no he utilizado nunca ningún emulador tipo Kemper, Fractal, Neural… No quiero decir «nunca jamás», pero no me gustan y creo que no lo haré.
Prefiero tener mi amplificador valvular escupiendo detrás, poder darme la vuelta y tocar las perillas, ya sabes; soy muy vieja escuela en ese sentido.
Coméntanos cuántos amplificadores sueles llevar en el escenario y si los usas a la vez o por separado para ciertas partes específicas de las canciones.
Con The Black Crowes uso un Fender Super Reverb Silverface del 71, pero con una modificación muy buena a Blackface.
Lo encontré en Reverb, en Nashville, y me lo vendió un chico joven que tocaba en lugares muy pequeños y no podía usar un ampli con tanto volumen. Suena bárbaro y lo conseguí barato, me encanta. Lo uso junto a un Fender Bandmaster Blonde de 1962 y son una buena combinación en vivo.
En Buenos Aires tengo un Fender Hot Rod Deluxe de los noventa, hecho en USA, y me encanta también.

Nico con su perro Pappo. Foto: Guido Adler
¿Qué pedales utilizas y cómo están ruteados en tu pedalboard?
Pues tengo un Purple Nurple de BMF Effects, un Red Llama de Way Huge y el booster Son of Bastard de BMF Effects.
El sonido de los amplis es crujiente y generalmente los utilizo en los solos para matizar, dependiendo de la canción. Luego tengo un Flint y un Lex de Strymon, también un delay para algunas cosas específicas, un phaser y un wah-wah, por supuesto; no mucho más.
Todos los pedales los controlo desde un loop switcher RJM Mastermind y es muy cómodo combinar varios con una sola pisada, dependiendo de la parte de la canción en la que me encuentre.
¿Cómo comenzó tu relación con César Gueikian y la marca Gibson? ¿Cuántas guitarras y qué modelos llevas normalmente de gira?
A César me lo presentó un gran amigo que tenemos en común; le mostró mi trabajo como solista y le gustó porque también toca la guitarra acústica y es muy fan de las afinaciones abiertas. Antes de entrar en The Black Crowes compuse la música para el documental «Gibson. The Process», en el que se habla del proceso de fabricación de sus guitarras acústicas.
Ser endorser de Gibson es otro sueño hecho realidad; son increíbles las guitarras que me mandan… Apenas empecé con los Crowes me enviaron una LP Goldtop, dos SG Custom Shop (una blanca con tres pastillas y otra cherry), una Junior que afino en Fa abierto y una ES-335 que llevo afinada normalmente en Sol abierto.
También uso una Firebird y una acústica J-45. Igualmente tengo una LDM, la marca del luthier argentino Nacho Ledesma, que lleva instalado un sistema B-Bender; una Fender Telecaster Custom Shop y una Strato… Cada tanto hay que cambiar dependiendo del sonido, mezclar y disfrutar, ¡claro!
Sueles usar mucho el modelo SG. ¿Te gustan los mástiles Slim Taper 60 o las tuyas llevan perfiles más gruesos, tipo 64? ¿Tienes predilección por algún modelo concreto de pastillas?
La SG me parece la guitarra más versátil en cuanto a dinámica; con ella se pueden tocar cosas más variadas que con una LP y es cómoda para usar el slide. Sobre los mástiles, no soy tan nerd y, aunque prefiero los gruesos, puedo tocar con cualquier tipo de perfil.
En cuanto a las pastillas, te diría que quizá mis favoritas son las humbuckers, aunque la P-90 que llevo en la Junior suena espectacular y, como su mástil es grueso, funciona fenomenal con afinaciones abiertas
A pesar de tener tus necesidades guitarreras cubiertas, ¿tu GAS se suele desatar o lo tienes perfectamente controlado? ¿Has entrado ya de lleno en el mundo del coleccionismo?
Me encanta ver guitarras viejas, tocarlas y pasar un rato lindo, pero no soy un loco del coleccionismo ni tampoco puedo meterme en ese mundo con los precios que se barajan actualmente. Soy muy feliz con las mías, así que creo que tiene más sentido usarlas y esperar a que envejezcan… ¡me servirán igualmente! (risas).
Me parece un enfoque excelente. En julio te veremos en España actuando con The Black Crowes; tu apellido es vasco, ¿tienes familia aquí y sueles venir a menudo? ¿Te gusta España?
Sí, claro. Mi bisabuelo era de Segura, en Guipúzcoa, a unos cuarenta minutos de Donostia; desde allí fue a Buenos Aires. No tengo familia cercana porque mi bisabuelo fue el único de sus hermanos que tuvo descendencia.
Siempre que paso por España trato de ir a Euskadi y pasar una o dos noches en Segura; me gusta mucho y allí siento conexión y paz. Es un pueblo muy tranquilo.
Obviamente España me encanta; me gusta la gente, la comida y la calidad de vida, por eso estoy entusiasmado con volver a tocar allí.
Tengo muchos amigos como Leiva o Tarque y me gusta Madrid, la zona del Mediterráneo, Ibiza… Julio será un buen momento para hacer visitas.
Para terminar, ¿tienes alguna novedad que contarnos sobre tu proyecto en solitario o algún nuevo lanzamiento?
¡Claro! Ya está preparado mi tercer disco. Se llama «Valor» y lo sacaremos pronto, te avisaré. También lo he producido junto a Larry Cuffia y solo va a estar en Bandcamp, no lo voy a subir a las demás plataformas. Cuando vuelva a Buenos Aires saldré a presentarlo con la banda; tengo muchas ganas de hacerlo y disfrutar tocando con ellos.
Bueno, Nico, ha sido un placer. Espero que disfrutes de tu paso por España y te deseo el mayor de los éxitos. ¡Un abrazo fuerte desde Madrid!
Muchas gracias a ti, Fernando. Quiero mandar un saludo muy grande para los lectores de Cutaway Guitar Magazine espero que les haya gustado esta entrevista.
¡Un abrazo!

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