Flattley Revolution
Conocer a gente tan apasionada como Paul Flattley de Flattley Guitar Pedals hace que, tanto para quien escribe estas líneas como para quienes las leéis, la exorbitante afición que compartimos por el mundo de la guitarra tenga sentido. Dentro de un mercado abarrotado de pedales y grandes factorías, resulta gratificante encontrar proyectos alternativos como el suyo, propuestas que nacen de una relación real con la música.
Flattley Guitar Pedals es una empresa familiar fundada en 2016 en Inglaterra que surge de la necesidad personal de construir dispositivos analógicos fiables para el músico profesional, de materializar ese sonido solemne que su creador tiene en la cabeza.
Un poco de historia
Al frente de la marca está Paul, guitarrista y técnico con más de treinta años de experiencia en la industria de la aviónica aeronáutica, donde desarrolló su carrera profesional tras comenzar como técnico en la Royal Navy Fleet Air Arm trabajando en helicópteros militares. Un entorno donde el error no es una opción y donde los controles de calidad y la precisión son obligatorios. Esa mentalidad es la que Paul trasladó, de forma natural, al mundo de los pedales de efectos.
Durante años, en su tiempo libre, reparó electrónica de guitarras, bajos, amplificadores y pedales, hasta que llegó un punto en el que decidió dar un paso más y crear sus propios diseños, convencido de que podía fabricar un producto de alta calidad que cumpliera con sus exigentes estándares técnicos y, al mismo tiempo, ofreciera el tono que los músicos pudieran necesitar. Así nació Flattley Guitar Pedals.
Desde el primer momento, la marca se planteó como un proyecto artesanal y coherente: todos los procesos de diseño, fabricación, ensamblaje y acabado se realizan dentro de un radio reducido en el Reino Unido, con el objetivo de minimizar la huella de carbono y garantizar que cada pedal esté verdaderamente hecho en Inglaterra. Cada unidad se construye y cablea a mano, y las carcasas se acaban de forma individual aportando a cada pedal un carácter propio y reconocible. Todos los productos Flattley cumplen con RoHS, CE y WEEE, se empaquetan en materiales reciclados sostenibles y cuentan con una garantía de 12 meses.
Flattley es también una empresa familiar en el sentido literal. Junto a Paul trabajan su esposa Jan y su hija menor Phoebe, responsable del diseño gráfico, un colaborador especializado en diseño electrónico y coordinación de PCBs (Norm), y un responsable de medios y marketing (Mick). Esta pequeña estructura permite un control absoluto sobre cada fase del proceso, reajustes efectivos y mejoras continuas basadas en la experiencia y el feedback de los músicos que utilizan sus pedales.
Paul diseña pensando en la versatilidad, y sus gustos musicales beben del indie rock británico de los años ochenta —bandas como The Cure, The Cult, Joy Division, Bauhaus o The Mission— y también del rock clásico de Led Zeppelin, Pink Floyd, Cream o Hendrix. Esa amplitud de referencias se traduce en pedales capaces de adaptarse a diferentes contextos y estilos, algo imprescindible cuando se toca en bandas que requieren una amplia paleta sonora y, por tanto, herramientas funcionales.

Flattley Revolution
Esa filosofía se refleja también en detalles prácticos que muchas marcas pasan por alto: foot toppers de aluminio de serie para una pisada más cómoda, anillos LED tipo halo que difuminan la luz y evitan deslumbrar en el escenario, potenciómetros de aluminio y, en la gama Platinum, controles con texto grabado por láser. Elementos que no buscan impresionar en una foto, sino facilitar el trabajo sobre un escenario real.
Especial mención merece el proceso de acabado, convertido en una seña de identidad de Flattley. Cada carcasa pasa por un meticuloso proceso de lijado, imprimación, capas de color, lacado y pulido; un laborioso trabajo manual realizado en Lincolnshire que suele durar cinco días. En la gama Platinum, los gráficos se aplican mediante hydro dipping, creando acabados profundos y brillantes que convierten cada pedal en una pequeña pieza de arte. Todo ello sin perder de vista lo esencial: el sonido.
Flattley Guitar Pedals no pretende competir en volumen con los grandes fabricantes; su propuesta es otra: ofrecer pedales analógicos bien construidos, eficaces y con personalidad, diseñados por alguien que entiende tanto la electrónica como las necesidades reales del músico. Una marca que apuesta por la coherencia, el detalle, la calidad y el respeto por el oficio. Paul es una apisonadora: lo verás implicarse y presentar nuevos modelos en las principales ferias de instrumentos británicas, europeas y, por supuesto, también participa en NAMM.
Ahora centrémonos en Revolution (Dynamic Overdrive), un clásico de la marca.
Veámoslo.
Características
Abro su caja y me topo con una bolsita; en su interior se encuentra una tarjeta del propio Paul con su contacto por si necesitamos hacer alguna consulta (lo cual me da una gran sensación de confianza), unas pequeñas instrucciones, una púa y una pegatina con el logotipo de la marca.
Saco el pedal. El acabado del chasis es impactante y complicado de describir, pero allá voy: sobre una base negra se despliega un intrincado patrón paisley en gris plateado, de aspecto casi grabado, que le da un aire artesanal. La superficie está salpicada de partículas holográficas multicolor que reaccionan a la luz directa generando destellos verdes, azules y naranjas, provocando profundidad y dinamismo. Dependiendo del ángulo y la iluminación, el pedal puede pasar de ser sobrio y casi industrial a sorprendente y llamativo bajo los focos, combinando una estética elegante y oscura con otro punto psicodélico y moderno.
El footswitch anodizado en púrpura contrasta con el fondo y luce el logotipo de la marca; encontramos también tres mandos de control negros con las funciones grabadas por láser. Todo un despliegue de trabajo y atención al detalle.
Flattley Revolution pertenece a la Platinum Range de la marca y parte de una base de controles clásica a la que se añaden refinamientos tonales, tres posibilidades sonoras, respuesta dinámica y una construcción boutique que no pasa desapercibida, con componentes de valores escogidos, testados a conciencia y ensamblados a mano en placas diseñadas y fabricadas en Gloucestershire (Reino Unido).
La base es familiar y sus controles son sencillos:
- Volume: ajusta el nivel de salida general del pedal.
- Drive: controla la cantidad de saturación.
- Tone: modela el equilibrio entre agudos y graves.
Bajo el control de Drive encontramos un interruptor de tres posiciones que aporta la magia y define el temperamento del pedal alterando el tipo de clipping que procesa la señal. Este toggle switch ofrece tres modos distintos de saturación y permite cambiar instantáneamente el carácter de la respuesta:
- Op-Amp (posición central): sonido más articulado, con mayor headroom y una distorsión controlada y musical.
- Silicon Diodes (posición superior): clipping más compacto y agresivo, con presencia reforzada en medios y un carácter claramente rock.
- LED Diodes (posición inferior): clipping más suave y abierto, con una respuesta dinámica que acentúa la interacción entre el toque y la saturación.

Flattley Revolution, dynamic overdrive
En uso
El fabricante lo define como un pedal basado en el circuito del archiconocido Tube Screamer, pero con esteroides, para ofrecer tonos de overdrive suaves y cremosos, además de sonidos profundos y reactivos en función del estilo de interpretación. Con este punto de partida, lo más lógico es comenzar comparándolo con mi viejo Ibanez TS808 y recorrer después las tres funciones que ofrece el toggle switch.
Os cuento mis impresiones:
- Op-Amp (posición central).
Con una Gibson ES-355 y ambos pedales conectados, bajando el Drive al mínimo e intentando ecualizar para que suenen parecidos, se aprecia rápidamente que el Flattley ofrece notas más definidas y menos enterradas que el Ibanez. Sus frecuencias medio-graves están menos exageradas, el tono es más cremoso y menos rasposo, con mayor separación y definición aunque el timbre base sea similar. Además, el Revolution tiene más volumen, suena menos comprimido y menos embarrado, más cantarín. Cabe destacar también que su control de tono tiene mayor recorrido y resulta más aprovechable. Es la posición con más volumen y headroom de las tres.
Conecto ahora una Gibson Les Paul Special con P-90. Con la misma EQ en ambos pedales, el Revolution presenta algo más de presencia que el TS808, con un sonido ligeramente más hueco, natural y agradable. Subiendo Drive y Tone al máximo, el Flattley ofrece un sonido más grande y un brillo extra con un marcado carácter “marshallero”.
El potenciómetro de volumen de mi guitarra, sin treble bleed, limpia mejor la ganancia con el Flattley: no pierde tantos agudos y el sonido no se vuelve tan opaco como con el Ibanez. - Silicon Diodes (posición superior).
Puro rock’n’roll y quizá la posición más moderna. Compresión perfecta para riffs contundentes y la dosis justa de ganancia para solos rápidos. Es un sonido compacto y sólido pero suave al ataque, que permite endurecer la mano derecha y obtener un tono musculoso, elástico y cómodo. Interactúa muy bien con el volumen de la guitarra aunque presenta una ligera caída de volumen respecto al modo Op-Amp, por lo que conviene reajustar el pedal según el contexto. - LED Diodes (posición inferior).
En términos de volumen, dinámica y compresión, se sitúa entre los dos modos anteriores. Es la opción más setentera y ofrece una EQ más completa que la del Tube Screamer. La guitarra sigue bien definida, sin exceso de pastosidad; los medios no suenan artificiales y los agudos están presentes sin maquillajes. Ideal para rítmicas, solos rockeros o arreglos finos.

Flattley Revolution en acción
Conclusiones
El práctico selector convierte este pedal en tres overdrives distintos y ofrece un rango tonal que va desde un crunch sutil hasta una saturación generosa. Bastan pequeños ajustes de volumen al cambiar de modo, según la guitarra y el contexto.
Tras la comparativa con el TS808, considero que el Ibanez resulta más áspero y menos matizado, con menor volumen y una interacción menos suave con los controles de la guitarra. Recomendaría a los haters del pedal japonés que prueben este Revolution (Dynamic Overdrive): Flattley ofrece ese legendario carácter medioso con una EQ más refinada y tres modos que lo hacen extremadamente versátil. Su tono inspira, motiva y divierte; y eso es lo verdaderamente importante.
Los detalles de construcción están a la altura de lo que debe exigirse a un pedal boutique: carcasa impecable, anillo LED funcional y no molesto, foot topper de aluminio para una pisada segura… La calidad exterior suele anticipar lo que hay dentro, y aquí no hay decepción. Que el propio Paul Flattley se encargue de la construcción y del control de calidad, y que incluya su contacto directo en la caja, es una garantía difícil de igualar. Sus estándares de mantenimiento aeronáutico se notan, y mucho.
Actualmente la marca no cuenta con distribución en España, por lo que podéis contactar directamente a través de su web oficial o su perfil de Instagram. Seguidlos para estar al tanto de sus movimientos por ferias internacionales y sus lanzamientos como The Outlaw (Guitar Summit, septiembre de 2025) y The Joker (NAMM, enero de 2026).
¡Larga vida a este Flattley Revolution (Dynamic Overdrive) y a las nuevas marcas de calidad!
Fer Gasbuckers Redacción Madrid

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