Revista de Guitarras

Sacri Delfino

Sacri Delfino es un guitarrista argentino afincado en Madrid, está considerado como una de las revelaciones del panorama jazzístico español de los últimos años. Los conciertos en directo son un derroche de energía, sutileza y virtuosismo. Su sonido homogéneo y elegante suele cautivar a las audiencias muy recepti­vas a la música que expone. Hablamos con él y nos ha contado su visión de la música, el jazz, la docencia…

Cuéntanos como fueron tus inicios en la música…
La música me gusta desde que nací. Los instrumentos siempre me llamaron la aten­ción, e incluso me recuerdo desde muy niño emocionándome con cosas que escuchaba. Pero no fue sino hasta entrar al colegio secun­dario que comencé a tocar. Era una excelente época del rock argentino; a mi criterio la mejor. Con grupos como Spinetta Jade y Serú Girán a la cabeza. Si bien me gustaba el piano, comencé con la guitarra porque era el único instrumento que había en algún rincón de mi casa. Y luego lo de cualquier pibe: formar una banda con amigos y empezar a tocar en los recitales que se hacían en el colegio. Romanticismo en estado puro.

¿Cuál fue tu primera guitarra? ¿La conservas aún?
La primera guitarra que compré con dine­ro ahorrado durante años y alguna ayuda, fue una acústica Yamaha FG 345. Era hermosa. Lamentablemente la tuve que vender. Tenía 16 años y había empezado a tocar en una Big Band, necesitaba una guitarra eléctrica y no podía comprarla. La vendí y compré una Iba­nez CN 250 que tenía algo de uso; era la buena época de Ibanez.  Años después fui a grabar a un estudio y me encontré con que tenían mi vieja y querida Ya­maha, fue un momento muy emotivo.

Háblanos de tu formación como músico, ¿Prac­ticabas mucho diariamente? ¿Aún lo haces?
Sí, practicaba mucho, era un “guitarróma­no”. Además siempre estaba juntándome a tocar con alguien; eso es fundamental, es una de las cosas que más rescato de aquella etapa, tenía una avidez desbordante. Como eran otros tiempos y no había internet, tenías que salir de tu casa para conseguir las cosas. Eso nos hacía darle más valor a todo y además nos estimulaba a escuchar más música en directo. Yo a veces asistía a tres conciertos en el mismo día y cuan­do llegaba ya de madrugada a mi casa me ponía a tocar y cuando cantaba el gallo, trataba de pi­llarle el tono y acompañarlo (risas). Con el tiempo fui estudiando también armo­nía, arreglos y composición.
Si bien el hacer profesional a veces te condi­ciona, sigo practicando todo lo que puedo y me encanta investigar y descubrir cosas nuevas. Nunca dejo de practicar y componer. Este es un camino tan interminable como apasionante…

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¿Cómo llegas al jazz?
Casi de manera natural. Era algo que me atraía, tanto en los discos como en las pelícu­las. Apenas empecé a tocar tuve la suerte de escuchar algo de Joe Pass y Wes Montgomery y poco a poco me fui introduciendo. Pero para mí fue clave escuchar a Weather Report (la época con Jaco Pastorius al bajo; mi favorita) y al Pat Metheny Group. Había allí una energía y un sonido que me cautivó. Si bien en aquel momento no entendía todo, me dieron la sen­sación de que la música no tenía límites. Otro con el que me ocurrió eso (y me ocurre) es con John McLaughlin. Estamos hablando de gente que es poseedora de un espíritu exquisito y un compromiso artístico más allá de un nivel téc­nico superlativo.
A partir de eso fue comenzar a investigar y enamorarme de guitarristas como Jim Hall, Joe Diorio, Pat Martino, Lenny Breau, Billy Bean. Y no puedo dejar de mencionar a otros maestros como John Coltrane, Miles Davis -por cuyos grupos pasaron la ma­yoría de las figuras del jazz contemporá­neo- Bill Evans, Joe Henderson, Michael Brecker.

¿Cómo es una rutina de estudio correcta para ti?
Durante muchos años tuve una rutina de estudio bastante estricta y organiza­da. Actualmente voy alternando el estu­dio de acuerdo a la necesidad de lo que esté tocando o componiendo. Para mí es muy importante en estos momen­tos darle a mi práctica un perfil lo más creativo posible.

Si estás con un estándar, a la hora de solear ¿Donde te enfocas, en la conducción melódica, la melodía del tema, pensando en los cambios…?
Hacer un solo es algo parecido a pintar un cuadro. No vale enfocarse tan sólo en un obje­to. Todos los elementos son importantes y hay que atender la obra en su totalidad. Hacer un solo no depende solamente de conocer escalas y arpegios. Y hay que enten­der que la improvisación no se construye de la nada, que no es un acto de magia.
A mis alumnos les remarco que lo prime­ro es saber bien la melodía y no como quien lee algo textual. El punto es hacer un trabajo de interpretación ya desde la melodía y por supuesto conocer bien la progresión de acor­des, a partir de ahí es que se empieza a abor­dar la improvisación.

Por otra parte, además de conocer los elementos melódicos y la armonía funcional es fundamental transcribir frases y solos de intérpretes de distintos instrumentos. Ahí es donde se aprende un estilo y dicho sea de paso se potencia nuestra capacidad de es­cucha. Uno va asimilando no sólo los recur­sos melódicos sino también aspectos funda­mentales como la articulación, el sentido del tempo, la acentuación y el desarrollo rítmico. Algo que suelo trabajar a fondo y que puedes escuchar en mis solos es el desarrollo de motivos. Es algo que practico continuamente y trato de llevarlo casi hasta el límite del har­tazgo cuando estudio. Luego,en el momento de tocar, uno elige hasta dónde llevarlo para que no pierda interés.

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Hablemos de guitarras, cuéntanos con que tocas últimamente, tu disco Jairanía suena a 175 por los cuatro costados…¿Es tu sonido favorito?
Es un sonido que me encanta. En Jai­ranía utilicé mi Gibson ES 175 con un Polytone en todos los temas, salvo en “La Strada” que usé mi Gibson Es 335 Dot con un ampli Fender valvular de los `60. El distorsion que suena en el solo es un RAT.
Actualmente estoy más centrado en la 335 porque me da algo más de ductili­dad en algunas cosas que estoy haciendo. Tengo varias guitarras más que utilizo de acuerdo a lo que tenga que tocar o grabar: Fender Telecaster con un mic Seymour Duncan 59 en el grave; Höfner Verythin JS (bellísima guitarra, descatalogada desde hace un par de años), Godin Multiac Nylon SA; acústica Álvarez Yairi DYC84; Peerless Wizard Custom; Epiphone Sheraton; española Ignacio Rozas con sistema Fishman. Hasta tengo una Steinberger Spirit Silver -edición limitada ideal para viajes…

Guitarristas como Rosenwinkel o Scofield pro­cesan mucho más el sonido que el clásico 175/ Polytone, por poner un ejemplo ¿Qué opinión tienes sobre esto?
Me parece perfecto. En definitiva se trata de tener una voz propia, si bien el mismo Scofield dijo hace muchos años que el sonido está en los dedos y en la mente, cosa que es cierta, echarle mano a los efectos sirve de mucho en la búsque­da de un sonido propio. Fíjate que me has citado dos guitarristas que uno los reconoce no sólo por sus ideas musicales sino también por su sonido.

¿Puedes comentarnos al respecto de tu ampli­ficación? ¿Usas pedales?
Actualmente uso un Koch Studiotone con el que estoy muy a gusto. Sigo conservando tam­bién mi Polytone Mini Brute IV, también tengo dos Fender ensamblados en México, uno de 90 w y otro de 30 w para uso casero. Hablando de efectos, tengo una Alesis Mi­diverbII y una Lexicon LXP-1, también un sin­tetizador Roland GR-33 que lo disparo con la Godin. En cuanto a pedales tengo varios, in­cluso algunos clásicos de BOSS que compré hace como 25 años cuando todavía se hacían en Japón. Me sorprende que me los quieran comprar ofreciéndome más del doble de lo que pagué en su momento. Con respecto a las distorsiones tengo un Ibanez Tube Screamer TS10, un RAT2 y un Tur­bo Distorsion BOSS DS-2. Elijo entre ellos de acuerdo a lo que tenga que hacer.
Soy de la idea que los efectos son como los condimentos de la comida, hay que usarlos con criterio y en su dosis justa.

La docencia juega un papel importante en tu vida como músico ¿Qué es lo que te aporta?
En principio felicidad. Si no, no lo haría. Siempre consideré la docencia como una de las tareas más nobles del ser humano. Lo pri­mero que me planteé al comenzar mi trabajo fue el tratar de enseñar como me hubiese gus­tado que me enseñaran a mí. Dediqué muchí­simas horas a formatear mi método de ense­ñanza tratando de ahorrarle tiempo al alumno y a la vez mantener la seriedad y la profundi­dad. Me gusta incentivarles la creatividad. Hoy en día trabajo tanto con profesionales como aficionados y en ambos casos me resulta muy gratificante.

¿Cuáles serían los consejos para un guitarrista que se quiere introducir en el jazz y se encuen­tra con una montaña delante de él?
Le diría que el camino de mil millas comien­za con el primer paso. El secreto está en dis­frutar los pequeños progresos que haga día a día. Como todo aprendizaje, debe ser placen­tero. Le diría que practique todo lo que pueda, que escuche muchos discos y muchos con­ciertos, que no tenga miedo de preguntar y que ponga el corazón en todo lo que hace.

¿Qué discos consideras imprescindible escu­char para enriquecer tu conocimiento jazzero o por que te resulten inspiradores?
Creo que esta es la pregunta más difícil. Em­pezando porque no sólo escucho jazz,me nutro de muchos estilos. Me encanta también conocer el folklore de distintos países del mundo pero ahí va un listado centrado en el jazz: The Jazz Guitar Master (Wes Montgomery); Coltrane’s Sound (John Coltrane); Telepathy (Jim Hall- Ron Carter); Heavy Weather (Weather Report); Standards 1 Y 2 (Keith Jarrett); Still Life (Tal­king) (Pat Metheny Group); The Bridge (Sonny Rollins); Footprints (Pat Martino); Solo Guitar (Ted Greene); Joe Diorio Trio:live (Joe Diorio). Y la lista continúa…

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Imagina por un momento que no eres guitarris­ta y necesitas contratar un guitarra para tu gru­po ¿Qué cualidades pedirías que tuviera?
Lo primero y más importante es que “escu­che”. En esta música es fundamental poder in­teractuar con el resto del grupo a veces si uno no está conectado se pueden perder momen­tos maravillosos que son irrepetibles.
Sus solos deben estar al servicio del tema, su acompañamiento debe servir para apunta­lar y apoyar al solista y no para condicionarlo. Insisto en que el guitarrista debe acompañar bien; debe desarrollar recursos para poder rendir tanto en dúo como en una banda y saber cómo y cuándo utilizarlos. Finalmente, por mi manera de trabajar, se­ría importante que sepa leer música.

Cuéntanos algo al respecto de tu trabajo en trío ‘Jairanía’
Sin duda es exactamente el disco que que­ría grabar en ese momento. Entramos al es­tudio muy preparados y en un clima de mucho disfrute, realmente tocamos “muy juntos” y con la idea de dejar un registro luego de tres años de actuaciones en directo. Tuvimos al­gunos invitados de lujo que le dieron aún más realce a la música. Se grabó en dos días de manera muy fluida. Entre cosas propias y colaboraciones he gra­bado una veintena de discos y te aseguro que no recuerdo un clima de trabajo tan agradable como el que se dio en Jairanía. En mi caso personal, representa un buen resumen luego de haber tocado en varios países y haber interactuado con músicos de diversas nacionalidades y estilos. Es una buena combinación entre mis oríge­nes y mi búsqueda.
Sí debo confesar con total sinceridad que las buenas críticas de la prensa especializada su­peraron mis expectativas. Estoy más que feliz y muy agradecido.

Por último ¿Cuáles son tus planes a corto plazo?
Seguir preparando nuevo material con el Sacri Delfino Trío con vistas a un próximo tra­bajo discográfico. Continuar las actuaciones con Madrid Jazz Project, proyecto que me da muchas alegrías y me abre a otras cosas. Y se­guir trabajando con el grupo de tango Maleva­je, actualmente en formato de trío y del cual soy el director musical. Si bien mi próximo disco va a ser de temas propios, estoy comenzando a concebir la idea de hacer un cd de temas standards y otras per­litas, alternando la guitarra eléctrica y la acús­tica. Allá vamos.

José Manuel López

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