Juan Ordóñez entrevista
Juan Ordóñez irrumpió con fuerza en Instagram poniéndolo del revés con su contenido guitarrero directo y accesible. Destripando arreglos y solos de bandas de culto, de clásicos de la Generación X que quedarán para la posteridad como Aerosmith, Lenny Kravitz, Soda Stereo, Bon Jovi, Guns N’ Roses, John Mayer… Este educador e influencer argentino analizaba en sus posts detalles sobre la técnica de nuestros Guitar Heroes favoritos; nos explicaba el porqué y el cómo con una soltura y cercanía inusuales, con una didáctica efectiva que reflejaba asertividad y experiencia como docente.
Su contenido me atravesó y, durante el verano de 2023, convaleciente tras romperme el brazo derecho y haber pasado por un desierto de complicaciones y operaciones, me decidí a comprar uno de sus cursos. Estaba en deuda con él por todo lo que me había divertido consumiendo su contenido gratuito durante más de un año, por todo lo que había aprendido. El resultado no pudo ser mejor: en sus lecciones Juan lo da todo; sus vídeos son sencillos y bien estructurados, naturales y sin retoques, sin artificio. El objetivo se cumplió y me motivó lo suficiente para recuperar progresivamente mi brazo, para volver a tocar la guitarra, para terminar el curso y poder continuar con otro.
Después de haber vivido y desarrollado gran parte de su carrera en la selva musical de Buenos Aires, Juan se mudó con su familia a Cipolletti, en la Patagonia argentina, buscando tranquilidad y dar un giro, otro enfoque, a su profesión. Nos recibe desde su estudio y vamos a charlar con él sobre sus influencias, su pasado, su presente y su último proyecto, llamado Transformación Seis Cuerdas (T6C).
¡Buenas tardes, Juan! Es un placer contactar contigo desde Cutaway Guitar Magazine. Gracias por hacernos un hueco entre tus clases para poder realizar esta entrevista.
Sabemos mucho del Juan docente, pero ¿cómo fueron tus inicios?, ¿cuándo te diste cuenta de lo que la guitarra significaba para ti y cómo fue el comienzo de tu formación?
¡Hola, Fer! ¿Cómo estás? Es también un placer para mí estar en contacto por esta vía. Mi pasión surgió de pequeño; me di cuenta a los once años, cuando empecé a estudiar guitarra con mi hermano. Nuestros padres nos apuntaron a clases para hacer una actividad extraescolar y en ese momento me enamoré, no pude soltar una guitarra nunca más. Supe que me quería dedicar a esto y mi familia siempre me apoyó, cosa que fue para mí muy importante. Ese fue el inicio de todo
¿Cuál fue tu primera guitarra y tu primer amplificador?
Pues ¿ves esa Texas que está ahí colgada? (Se da la vuelta y señala una guitarra clásica). Esa fue mi primera guitarra y la recuperé después de unos años. Me fui a vivir a Australia, se la regalé a un amigo y luego anduvo pasando de mano en mano hasta que volvió a mi casa (risas).
Mi primer amplificador fue un Peavey a transistores de unos 100 watts, nada del otro mundo. Mucho más adelante llegó un Fender Hot Rod Deluxe y luego otro Fender Hot Rod DeVille 4×10, que es con el que toco actualmente y trato de mover lo menos posible porque es muy pesado (risas), pero me gusta mucho y se quedó ahí como ampli de cabecera.

Juan Ordóñez en directo
¿Podrías nombrarme tres de tus Guitar Heroes favoritos y qué supiste robar de ellos?
¡Oh! Buena pregunta… Guthrie Govan, John Mayer y Steve Vai. Hay un montón más, pero creo que esos son los tres guitarristas que más me han influido. Crecí escuchando a Steve Vai durante toda mi adolescencia; le robé muchísimo (risas), sobre todo lo relacionado con los ligados, arpegios, slides y la manera de tocar y embellecer melodías con distorsión.
Luego, más adelante, creo que sobre 2008 se empezó a hacer muy popular Guthrie Govan en YouTube y me voló la cabeza. La primera vez que vi un vídeo de una improvisación suya no podía entender cómo un ser humano podía improvisar a ese nivel; era perfecto, tocaba las notas que querías escuchar, pero embellecidas con un arsenal de pirotecnia tremendo. Lo escuché muchísimo y, aunque no he sacado muchos licks ni canciones suyas, me influyó lo suficiente para darme cuenta de que, en la práctica diaria, toda esa información que has retenido se refleja y hay un vocabulario que queda en la memoria.
Al que sí le robé mucho fue a John Mayer, que para mí suponía una síntesis de todos los guitarristas de blues que me gustaban: Hendrix, Vaughan o B. B. King. Toda la lista de Guitar Heroes del blues, para mí, culminaba en un guitarrista que además está lleno de buen gusto. Lo escuché muchísimo y le saqué discos enteros (risas); eso me ayudó mucho a frasear melódicamente y a acercarme más a una melodía vocal.
¿Cómo fuiste complementando tu formación a medida que ibas creciendo?
En la adolescencia tuve dos o tres profesores particulares y después, sobre los dieciocho años, comencé a estudiar en la Escuela de Música Contemporánea de Buenos Aires, la versión latinoamericana de Berklee, por decirlo de alguna forma. Allí había grandes profesores y me enseñaron mucho jazz; tuve una formación muy rica a nivel teórico. La carrera duraba tres años y yo la terminé en dos porque, al hacer el examen de ingreso, me adelantaron un año, lo cual considero un error porque dos años es muy poco tiempo.
Salí con la cabeza hinchada de información, pero no tenía nada en los dedos. Me habían enseñado muchísimas escalas, acordes, inversiones, drops… saqué unas notas increíbles en todas las materias, pero ¡no podía tocar nada! Es algo digno de reflexionar, aunque creo que puede pasar en cualquier carrera: hay mucha teoría pero poca práctica. Eso es lo que me faltaba: la práctica, el ensayo, el oficio, el escenario, ese tipo de preparación.
Cuando terminé allí empezó la verdadera carrera: tocar con todos. Incluso llegué a formar parte de diez bandas al mismo tiempo. Conecté con instrumentistas de todo tipo y empezaron mis primeras experiencias como músico de sesión, además de tocar en bandas de versiones para eventos y con diferentes artistas como el cantautor chileno Alberto Plaza, David Bolzoni o Adrián Barilari, de Rata Blanca. Empecé a desarrollarme como profesional.
Aunque ningún músico quiere vivir toda la vida tocando versiones, hacerlo desarrolla mucho el oído y el oficio. La presión de tener que sacar treinta canciones en dos días, cuando te llaman para cubrir una baja, te obliga a ser organizado, a aprender algo de notación musical y a desarrollar estrategias, porque no hay manera de aprenderse tantas canciones de memoria.
Eso te pule profesionalmente y yo aprendí muchísimo de esas situaciones, sacando canciones, anotando y sufriendo por la presión que supone en ese momento. Creo que es necesario pasar por ahí porque vas interiorizando un lenguaje que luego acabarás utilizando y, al fin y al cabo, ¡es música!
¿En qué año te lanzaste a grabar cursos y cómo ha ido mutando todo hacia T6C?
Empecé a grabarlos en 2023. Tenía la idea de desarrollar cursos digitales, pero hasta ese año no me llegó el impulso que me faltaba.
El primero fue el Curso de Improvisación para Principiantes y después llegó el Curso de Improvisación para Intermedios. Están hechos con mucho amor y sintetizan años de estudios, formación y docencia; organizados para que el conocimiento vaya avanzando linealmente y la información pueda retenerse.
Ya en 2024 lancé Velocidad y Musicalidad, en el que trato más la parte técnica: cómo trabajar la velocidad de forma efectiva mediante la práctica de rutinas y cómo aplicar todo eso, que es lo más importante, porque si no, no tiene sentido.

Juan Ordóñez con la acústica
Los cursos tuvieron buena acogida y muy buenas reseñas, pero a este tipo de enseñanza pregrabada siempre le falta una parte: la parte viva, el contacto con el mentor, y es algo en lo que no paraba de pensar. Quería tener un contacto personalizado con el alumno, observar sus hábitos y tener la oportunidad de poder corregirlos, centrarme en sus gustos musicales y ayudarle a estudiar de una manera eficaz para que pudiera llegar a sus objetivos.
Eso es lo que se convirtió en T6C (Transformación Seis Cuerdas). En este nuevo programa el alumno recibe acceso a cuatro cursos —hay uno nuevo, exclusivo para quienes entran al programa— y hago un acompañamiento de cuatro meses para pulir su técnica, comprobar que ejecuta bien los ejercicios y hacer que pueda entender a sus guitarristas favoritos, incorporando ese lenguaje particular en sus propias improvisaciones y solos.
Durante esos cuatro meses doy rutinas de una hora diaria y exijo la disponibilidad del alumno de diez horas semanales para poder aplicarlas; esto es un requisito fundamental.
Es un programa que no falla porque, si todos los días te sientas a practicar y estás pagando por ello, aprovechas el tiempo y en cuatro meses haces lo que no hiciste en toda tu vida (risas). Con esa disciplina avanzas mucho y luego te queda toda la información de los cuatro cursos de por vida, para hacer cualquier consulta y desde cualquier lugar.
Para configurar una rutina eficaz hay que ver cada caso particular, porque hay alumnos que necesitan trabajar más el conocimiento del diapasón, otros tienen problemas rítmicos y hay que focalizar ahí, otros tocan muy bien pero necesitan ser más musicales; hay de todo.
El secreto está en hacer tres o cuatro ejercicios en esa hora que te lleven hacia tu objetivo y, dentro de esos ejercicios, también tiene que haber música. Hay que tocar, improvisar o, si no, ¿para qué hacemos esto?
Eres un guitarrista muy versátil y habilidoso, ¿tienes algún punto flaco?
Uff, ¡tengo un montón! Lo que pasa es que he dedicado mucho tiempo a fortalecerme en los estilos que más me gustan, que son el blues, el rock y cualquier cosa que esté cercana a estos, como el country, el hard rock o el heavy metal.
Por supuesto, todo es cuestión de prioridades, pero creo que es muy difícil ser un excelente guitarrista de rock y de jazz, por ejemplo. No es imposible, porque hay casos como el de Guthrie Govan y otros pocos elegidos, pero son dos mundos totalmente distintos.
Yo no soy bueno en el jazz; puedo tocar un poco y defenderme, e incluso sonar bonito, pero ahí empiezo a flaquear mucho. Para dominar ese estilo necesitas muchas horas de lenguaje, sumergirte completamente en él. Creo que es uno de mis puntos flacos, porque no es que no me guste el jazz, me gusta, pero soy consciente de mis limitaciones.
Algo parecido me pasa con el flamenco: no tengo esa técnica de mano derecha y adquirirla requiere de muchos años de estudio y práctica.
Me apetece mejorar como guitarrista dentro del jazz, pero aproximándome a él desde el rock y con un lenguaje o perspectiva rockera, no sentarme y tocar en plan purista o tradicional. Eso no me sale (risas).
Además del contenido formativo habitual que solemos encontrar en tu perfil de Instagram, veo que últimamente estás desarrollando cierto activismo musical centrado en criticar el mal gusto y los pésimos valores de la denominada “música chatarra”. Me parece interesante; coméntame algo sobre esta faceta.
Sí. Musicalmente, cada década, cada momento de la historia ha tenido su particularidad y no siempre el mensaje de muchas canciones influyentes ha sido el más adecuado. Pero actualmente hemos llegado a un punto crítico y me parece que estamos en el barro.
Hay “artistas” que tienen una obra de la que no se pueden rescatar ni dos canciones y considero esto, a nivel musical, compositivo y lírico, una basura; a nivel videoclip, lo mismo, y ya hablando como instrumentista, un fracaso.
Parece que para ser artista hoy en día favorece cantar basura y creo que hay intereses ocultos, quizá políticos, detrás de ese “estilo”, que fomentan el contenido denigrante y la pobreza de esos mensajes vacíos.
Llegados a este punto no sé cuál será el siguiente paso, pero por mi parte siento la necesidad de reaccionar. Pienso que esos productos son un insulto a la inteligencia y por eso los ataco en mis redes.

Juan Ordóñez con Strat
Estoy contigo y apoyo tu propuesta. Es una lucha dura, pero pienso que la música de calidad debería ser exigida y, por supuesto, defendida.
Ahora, para terminar, no puede faltar una pregunta de frikismo guitarrero: si tuvieras que encargar una guitarra custom, ¿con qué tipo de madera la equiparías?, ¿qué forma tendría, tipo de mástil, radio, trastes, pastillas, etc.?
Pues no soy muy puntilloso con esas cosas. Con mi Fender Stratocaster Elite soy feliz y tampoco comparto el esoterismo que tienen muchos sobre el tono de los diferentes tipos de madera como factor determinante.
Un diapasón de rosewood o maple no creo que sea decisivo en una grabación; es más, creo que es casi imposible percibir esto porque hay otros factores que influyen antes en el audio, como el tipo de amplificador, la ecualización, las pastillas, el cable y… ¡los dedos!
He tocado muchas guitarras que me han enamorado, pero tengo predilección por las Stratocaster y su sonido single coil de la pastilla de mástil; me encanta ese audio. Igualmente, me gusta una doble bobina en la posición de puente para tener más versatilidad y hacer solos más potentes.
Seré feliz con una buena guitarra si está bien construida, es cómoda y tiene buen tono. No entro en las demás cuestiones medio fantasiosas (risas).
Me parece un enfoque bastante razonable. Muchas gracias por este rato que hemos compartido, te deseo un año 2026 de mucho éxito y felicidad. ¡Un abrazo fuerte y seguimos en contacto!
Igualmente, Fer, ha sido una alegría y un placer tener esta charla con vos. ¡Un abrazo!
Fer Gasbuckers (Redacción Madrid)

0 comentarios en
Deja tu comentario