Mooer GTRS Professional 800
En este artículo de Cutaway Guitar Magazine vamos a revisar a fondo la Mooer GTRS Professional 800 que ha caído en nuestras manos; pero antes, como siempre, pongamos en contexto este modelo
Llegaron las vacaciones, la época para recargar pilas o vaciarlas del todo. Los que compartimos esta absorbente afición y no podemos ni queremos desconectarnos demasiado nos enfrentamos siempre al mismo problema: poco hueco en el coche y el dilema abierto entre lo que creemos que necesitaremos y lo que realmente usaremos durante estas benditas semanas.
La portabilidad se ha convertido en prioridad para un número cada vez mayor de guitarristas y, como respuesta a esa necesidad, nació el concepto de «guitarra inteligente» impulsado por algunos fabricantes. Ha pasado mucho tiempo desde aquellas primeras Line 6 Variax que arrancaron con esta idea innovadora en el año 2002, pudiendo considerarse precursoras del modelado digital de guitarras y de la comodidad de acceder a un importante arsenal de recursos con solo un movimiento del selector.
Los tiempos han cambiado; la tecnología, también; la conectividad, aún más. Las necesidades actuales obligan a desarrollar dentro de estas guitarras inteligentes un DSP interno más potente, aplicaciones complejas para una edición más profunda, Bluetooth, USB-C…
1. Un poco de historia
La serie GTRS Professional 800 de Mooer no es ninguna novedad. Se trata de un instrumento híbrido que se presentó en 2022 con el práctico enfoque de integrar procesamiento digital avanzado dentro de una guitarra; una propuesta muy útil tanto en el ámbito profesional como en un entorno de estudio y práctica.
Esta “guitarra inteligente” posee un software actualizable y una aplicación que permite controlarla desde tu móvil o tablet conectados a ella mediante Bluetooth. Permite la experiencia completa de tocar con emuladores de amplificadores, cabinas y efectos, usar auriculares y tocar con su batería en cualquier lugar sin necesidad de cables, pedaleras o periféricos externos; autonomía completa.
Además de todo esto, las especificaciones de su construcción y hardware la
convierten en un producto muy interesante que pasamos a analizar.

Mooer GTRS Professional 800 FR
2. La guitarra
Hacemos unboxing y encontramos un gigbag beige de aproximadamente 25 mm de acolchado. Tiene un amplio bolsillo delantero con el logo GTRS bordado en color negro y un forro interior de tacto aterciopelado para evitar arañazos. Dispone de una correa acolchada con cierre de velcro que inmoviliza el mástil para evitar desplazamientos dentro de la funda y de un refuerzo acolchado que ayuda a mantener la guitarra centrada.
Da buena impresión, vamos bien. Igualmente encontramos un protector de diapasón para colocar entre las cuerdas cuando guardemos la guitarra, un manual de instrucciones básicas (sin traducción al español), un cable USB-C para cargar la batería (no incluye el cargador, pero podemos usar el de nuestro smartphone), la palanca del puente y varias llaves y accesorios para el ajuste del instrumento.
• Cuerpo
Tiene un contorno clásico tipo Strat y un peso de 3,341 kg. El cuerpo es de aliso americano y presenta un acabado Fiesta Red en poliuretano o poliéster de alto brillo; muestra una tonalidad bastante fiel al color original de la marca de Don Leo. El golpeador, las tapas de las pastillas de mástil y central, junto con los embellecedores de los potenciómetros y el switch tip, son de color crema o blanco envejecido. La pastilla doble del puente y el llamado Super Knob son negros y generan un contraste algo más moderno e interesante.
Encontramos un puente Wilkinson VS50 II cromado que permite un ajuste muy completo y preciso, ya que sus selletas, de estética satinada, se pueden desplazar y regular en altura con facilidad.
En su parte trasera, tras una tapa a juego con el color del golpeador, encontramos el acceso a la parte inferior del puente, desde donde podremos regular su tensión. Dos muelles son suficientes para estabilizarlo con el calibre .009–.042 con el que viene equipada de fábrica; así podemos usar la palanca con fluidez tanto hacia delante como hacia atrás.
Seguimos observando y vemos el tradicional rebaje trasero para facilitar el acople del instrumento a nuestro cuerpo y otro situado cerca del cutaway inferior que me recuerda a aquellos Stephen’s Extended Cutaway con los que iban equipados algunos modelos de Washburn hace décadas. Es solo una reminiscencia visual freak, ya que su propósito y la fijación del mástil no tienen nada que ver con aquel clásico noventero.
En el canto inferior encontramos el acceso al módulo de efectos integrado en la guitarra, una entrada USB-C para recargar su batería interna y la clavija hembra jack para conectar un cable hacia el amplificador o directamente unos auriculares si queremos prescindir de él.
• Mástil
Se trata de una pieza de arce flameado tostado, con acabado satinado y muy agradable al tacto. Está encastrado al cuerpo con precisión; no hay huecos laterales en la zona de inserción del zoque y las cuerdas primera y sexta están situadas a una distancia perfecta con respecto a los bordes del diapasón.
Diría que tiene un perfil medio/fino en C y me resulta cómodo, a pesar de mi preferencia por grosores más contundentes.
El diapasón es de rosewood oscuro, bastante bien cepillado, y tiene un radio de 12″ que proporciona una digitación precisa y confortable para los lespoleros fanáticos como yo. Es ideal para ajustar la guitarra con una acción baja y poder hacer bendings tranquilamente, sin miedo a que se corten. Incorpora unos inlays brillantes y llamativos que imprimen un punto de elegancia al conjunto.
La escala es de 25,5″ y monta 22 trastes de acero inoxidable con sus bordes perfectamente pulidos; este detalle eleva la calidad de cualquier instrumento, permite un desplazamiento rápido de los dedos y refleja bien las intenciones del fabricante.
El ajuste del alma se realiza mediante una ruedecita situada en el talón del mástil, lo que aporta una gran rapidez al proceso al no tener que utilizar destornilladores ni aflojar las cuerdas. Bastará con insertar la pequeña llave incluida en los orificios previstos para ello.
La cejuela es una Graph Tech TUSQ de 42 mm, que aporta una menor fricción en el paso de las cuerdas y reduce los enganches de estas al utilizar la palanca de trémolo. En la pala encontramos un retenedor de rodillo para la primera y segunda cuerda junto a un clavijero de bloqueo con relación 18:1 y clavijas escalonadas que aportan una mayor estabilidad en la afinación.
• Módulo de efectos
Lo verdaderamente interesante llega ahora; aquí es cuando comenzamos a hablar de un equipamiento que trasciende lo ordinario.
Al activar el botón de encendido, dejamos de tener entre las manos un instrumento convencional para pasar a manejar un auténtico estudio que podemos transportar a cualquier lugar.
El corazón del sistema es un procesador DSP, alimentado por una batería interna de iones de litio con una autonomía aproximada de diez horas, suficiente para ensayos, actuaciones o sesiones de estudio.
La sensación de portabilidad y libertad que transmite la guitarra es sorprendente cuando descargas su aplicación en el móvil y conectas unos auriculares por primera vez: puedes practicar en silencio a cualquier hora o grabar directamente en el smartphone o la tablet, ya que el instrumento se convierte en una pequeña interfaz de audio portátil. Su conectividad Bluetooth 5.0 agiliza, además, la gestión de presets y las actualizaciones.
Dispone de cuatro presets de acceso rápido (que se activan desde el Super Knob), 126 efectos, 11 simulaciones de guitarra, cajas de ritmos, looper, metrónomo, afinador… Un sinfín de opciones que pueden editarse a nuestro gusto desde sus dos aplicaciones (GTRS y GTRS Editor), disponibles para iOS y Android. La interfaz es intuitiva y con ella podemos reorganizar cadenas de efectos, ajustar parámetros según nuestras preferencias y almacenarlos fácilmente.
Existe un accesorio opcional para usar en directo: la pedalera inalámbrica GWF4, un complemento que parece muy práctico pero que aún no he tenido ocasión de probar.
Resumiendo: el propósito de este conjunto es dotarte de la libertad suficiente para practicar, crear y divertirte con un sistema integrado que te permite hacerlo en cuestión de segundos; ya no hay excusas, ni siquiera la pereza típica de conectar cables.

Mooer GTRS Professional 800 FR, detalle mástil
3. En uso
Antes de encender el módulo hay que mencionar que la guitarra puede conectarse sin él a cualquier amplificador, como un instrumento convencional, y, sinceramente, me ha sorprendido comprobar que sus pastillas suenan muy bien y el mueble vibra perfectamente. Para hacer este test, como no estaba seguro de cuántas horas de carga necesitaba el módulo y tampoco investigué las recomendaciones del fabricante, lo dejé conectado a un enchufe durante una noche completa.
Una vez recargada la batería, es necesario que descarguemos alguna de sus aplicaciones específicas en nuestro móvil y leamos el código QR situado en la parte trasera del clavijero para registrar y vincular la guitarra. En mi caso empecé a usar la app GTRS, pero luego descargué GTRS Editor y esta segunda me parece más rápida y completa; tanto que no he vuelto a la anterior. Una vez hecho esto, activaremos el Bluetooth del móvil, encenderemos el Super Knob de la guitarra y los enlazaremos.
Ahora comienza el disfrute: la guitarra trae almacenados cuatro presets un poco pasados de rosca, ideales para un revival del guitar hero ochentero que a mí se me va de las manos. Rápidamente entro en la aplicación GTRS Editor y modifico esos cuatro presets, uno por uno y de una forma fácil. Cada preset consta de una cadena de ocho elementos seleccionables que pueden activarse, desactivarse y desplazarse por la pantalla pulsándolos con un dedo. Tú eliges el ruteo, lo que colocas antes o después y, evidentemente, todo esto tiene una repercusión sonora apreciable.
Se dice pronto, pero puedes seleccionar 52 amplificadores diferentes entre baja y alta ganancia, cada uno con su carácter (no está mal comenzar con el emulador del Deluxe Reverb antes de volverse loco). Cuando estés seguro del sonido base que necesitas, podrás guardar hasta diez configuraciones propias.
Luego están las cabinas: nada más y nada menos que 55 opciones que van desde pantallas 1×12 hasta 4×12, abiertas o cerradas; igualmente tienes disponibles otras diez memorias.
Súmale a todo esto 20 tipos de saturaciones que van desde un boost cristalino hasta el bramido de las puertas del infierno, efectos de dinámica y wah, modulaciones de todo tipo, seis modos de delay, cinco reverbs y, por último, dos modos de ecualización (uno de cinco bandas y otro personalizable y súper completo).
Cuando te encuentras en tu punto álgido, pulsas Save y guardas el preset con el nombre que decidas. Ya está, fácil.
En la parte inferior derecha de la pantalla de cada preset encuentras el botón Mixer; con él controlas la señal que envías desde la guitarra hacia la mesa de mezclas, los auriculares o la plataforma que uses e, igualmente, regulas el nivel de audio que recibes desde el móvil. Así puedes realizar, por ejemplo, una mezcla perfecta entre un backing track de YouTube y el volumen de la guitarra.
También está situado en esa parte inferior un botón llamado Mooer AI, con el que podemos acceder, entre otras cosas, a un sistema de presets generados en torno al sonido de tus guitarristas favoritos. Están todos; solo tienes que poner un nombre en el buscador, probar las opciones de audio que se generan automáticamente y descargarte las que más te gusten. He probado con gente como Andy Timmons o Tom Bukovac y me parece increíble esto… Las he memorizado y ya forman parte de mi arsenal.
En la parte superior izquierda de la pantalla hay un icono que nos dirige al menú principal. Si lo pulsamos aparecerá un menú desplegable con varias opciones; una de ellas es Tone Capture y nos ayudará a configurar el sonido de cada pastilla de la guitarra o, mejor dicho, el sonido de cada una de las cinco posiciones del selector que incorpora. Puedes emular a una Les Paul del 58 en la posición de mástil, tener una Strat en la siguiente, una Tele en la posición central, un piezoeléctrico o una guitarra con cuerdas de nailon en la siguiente y una ESP Horizon para tocar metal extremo en la última. Son emulaciones hechas a base de recortes de ecualización y pinceladas de brujería, algunas más acertadas que otras, pero la verdad es que entretienen bastante.
Por último, mencionaré su caja de ritmos, ya que la he usado mucho. Es muy completa y está perfectamente organizada por estilos; se accede a ella desde el menú principal y puedes controlar su velocidad y volumen. Desde ese menú principal también puedes supervisar detalles concretos de la aplicación (como el modo de reposo para desconectarse automáticamente y ahorrar batería), acceder y descargar presets subidos por usuarios en el apartado Clouds o grabar con el Looper que incorpora y que aún no he probado.

Mooer GTRS Professional 800 FR, pala
4. Conclusiones
Valorando estrictamente el acabado estético de esta unidad, encuentro algunos detalles mejorables. Me gustaría que tuviera un flameado y un color tostado algo más uniformes por todo el mástil; aprecio alguna veta o nudo más oscuro y, si me pongo demasiado fino, en la pintura del cuerpo he encontrado alguna imperfección leve. Nada dramático, nada que no haya visto antes incluso en guitarras del doble de su precio. Evidentemente, no es una Suhr de 4.000 €, aunque lo parezca de lejos, y en algún punto tiene que justificar su lugar en el mercado.
Ahora bien, en su segmento supera en equipamiento, tacto y sonido a muchísimas rivales, y las posibilidades del módulo de efectos que incorpora la convierten en un instrumento sobresaliente. Después de realizar el primer enlace con tu móvil, los dispositivos se emparejan automáticamente al activar el Bluetooth y encender la guitarra. En cinco segundos empiezas a sonar, abres la aplicación y el mundo se para… La libertad de poder repetir un solo de 20 segundos durante hora y media sin que nadie a tu alrededor sufra un colapso, y sin cargo de conciencia, no tiene precio.
Hay que dejar claro que no posee captadores piezoeléctricos individuales debajo de cada selleta del puente, como su precursora Line 6 Variax, por lo que, de momento, no puede ofrecernos emulaciones de guitarras de doce cuerdas, banjo, dobro, sitar o afinaciones abiertas instantáneas para tocar con slide.
Al activar el módulo interno y manejar su selector de cinco posiciones para cambiar de pastillas, noto un ligero salto que tendrá que ver con el ajuste automático del DSP; esto no ocurre cuando tocamos la guitarra de una forma 100 % analógica.
La calidad de los emuladores de amplificación y cabinas es sorprendente. Además de los clásicos, hay auténticas joyitas escondidas como el Carol OD (en el número 47 del listado), un emulador del Two-Rock Coral Overdrive. También encontrarás otros amplificadores boutique, como Divided by 13 o Dumble Overdrive Special. Dentro de la amplia variedad de cabinas que ofrece el sistema, me gusta mucho la Tow Stones 212 porque añade un plus de refinamiento y calidez a casi cualquier cabezal.
Tras varias semanas viajando y jugueteando sin parar con esta Mooer GTRS Professional 800, puedo afirmar que me ha convencido y que, cuanto más la toco, más me gusta. Es cómoda, inspiradora, excelente para practicar durante largas jornadas y, cuando la ocasión lo requiera, no descarto utilizarla en directo. Espero que el módulo y la batería conserven su rendimiento óptimo durante mucho tiempo para poder seguir disfrutando de ella sin preocupaciones. ¡Ya hablaremos en septiembre! Disfrutad del verano, leed Cutaway y no olvidéis ir por la sombra.

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