RhPf Electronics Mosphoros
Este overdrive, RhPf Electronics Mosphoros, con nombre pseudomitológico, encripta la filosofía de una joven marca suiza que va a dar mucho que hablar con sus diseños frescos y poco convencionales. En este número de Cutaway vamos a poner a prueba su último lanzamiento, un pedal que replantea la arquitectura de un overdrive desde cero y cuyo circuito, basado en la respuesta de los transistores Mosfet, ha sido refinado por su creador durante dos décadas. Ya está listo y disponible, tienes que leer esto.
Un poco de historia
La aventura de RhPf Electronics comienza en Basilea, Suiza, aunque su protagonista principal nació en Francia. Thomas Besse estudió ingeniería de sonido, trabajó durante años como técnico de audio y reparando equipos de estudio mientras diseñaba sus primeras creaciones. Luego la vida profesional lo llevó hacia el mundo de la ingeniería, pero los esquemas, las pruebas y los prototipos nunca desaparecieron, solo se quedaron en segundo plano esperando su momento.
Y ese momento llegó de la forma más inesperada. A finales de 2023, tras una complicada intervención quirúrgica que afortunadamente superó, reunió diseños, apuntes, esquemas y documentación técnica de décadas de proyectos personales y dejó de tratar la construcción de pedales como una simple afición. Se lanzó de lleno, apostando por ello de verdad y con el apoyo incondicional de Simone, su pareja, que se encarga de toda la identidad visual y el diseño gráfico de los modelos. Un año después de la operación, el 26 de enero de 2025, nacía oficialmente RhPf Electronics.
El nombre no es casualidad. Las siglas RhPf provienen de Rheinpferd; hacen referencia al río Rin (Rhin), que atraviesa Basilea, y también esconden la experiencia de Thomas con la acromegalia, ya que Nilpferd significa «hipopótamo» en alemán. Un detalle que resume bastante bien el espíritu de la marca con superación y sentido del humor.

RhPf Electronics Mosphoros
Thomas desarrolla los circuitos, se ocupa de toda la trastienda administrativa y de la fabricación y ensamblaje junto a Fred, amigo de la infancia y compañero de estudio. La labor de Simone ya la conocemos y el control de calidad corre a cargo de Pouchie Lou, el perro de la familia… ¡nada puede salir mal!
Sus circuitos son diseños originales construidos alrededor de una idea, una historia, una frustración o un objetivo sonoro concreto; no hacen clones ni reinterpretaciones de otros productos. Los tres miembros humanos del proyecto mantienen sus trabajos habituales y eso les permite ser independientes y no tener que fabricar productos de relleno, una libertad poco común en la industria actual.
Todo el diseño, pruebas, ensamblaje, calibración, documentación y control de calidad se realiza a mano en Basilea. No trabajan con intermediarios o distribuidores, sino que colaboran con un número reducido de tiendas. Si estás interesado en sus productos, contacta directamente con ellos aquí .
Y dicho esto, ¡vamos a por Mosphoros!
Unboxing
Me llama la atención lo cuidado que está el diseño del embalaje, con impresiones a color y múltiples referencias a la filosofía de la marca. La caja transmite bastante curiosidad y nos hace pensar que estamos ante un producto especial, un pedal de boutique.
Dentro encontramos una bolsa de tela con el logo de la marca, el manual de instrucciones de la unidad y un pequeño sobre de cartón que contiene pegatinas, múltiples tarjetas de contacto, un cupón de descuento para púas de la marca Rombo y una de estas púas de regalo, con una forma muy particular. Thomas ya me había hablado de las colaboraciones que hacen con empresas del sector que comparten sus mismos valores.
El pedal
Su nombre procede, como no, de un juego de palabras: por una parte está Mosfet (un tipo de transistor) y, por otra, Phosphoros (“el portador de la luz” según la mitología griega).
Así nace Mosphoros, “el portador del Mosfet”, y es que se trata de un overdrive basado totalmente en esos transistores; cuenta con tres etapas de ganancia Mosfet, secciones de soft y hard clipping Mosfet y un amplificador operacional CMOS en el núcleo del circuito. El pedal abarca todo el espectro en términos de grano, textura y riqueza armónica que los Mosfet son capaces de ofrecer.
Su caja es de aluminio, con una textura ligeramente granulada que resalta la impresión de objeto artesanal; en ella vemos dos controles superiores de Drive y Level y debajo otros dos, más pequeños, con los que ajustaremos graves y agudos:
- DRIVE. Tiene una función similar a la de un previo y ajusta el bias del circuito, por eso mientras lo manipulamos produce un característico sonido tipo “woosh”. Una vez fijado no genera ningún ruido. La saturación va aumentando gradualmente a través de varias etapas Mosfet interactivas añadiendo potencia, profundidad y crecimiento armónico.
- LEVEL. Volumen maestro del pedal.
- BASS y TREBLE. Estos controles de ecualización se encuentran dentro de la ruta de realimentación, en la sección principal de ganancia, y añaden, respectivamente, profundidad por debajo de 1 kHz y nitidez o brillo por encima de 250 Hz. Cada control ajusta la intensidad con la que se impulsan las etapas y por ello afectan tanto a la EQ como al comportamiento del pedal, no son filtros pasivos.
El diseño exterior, minimalista y colorido, está a medio camino entre un cómic de ciencia ficción de los sesenta y una tragedia griega. En la parte central del pedal, sobre una especie de paisaje espacial, emerge un busto de apariencia oscura y retrofuturista que lleva dos LED naranjas incrustados en los ojos y parece que nos mira fijamente cuando lo activamos. Esta deidad alienígena y el entorno cósmico, obra de Manuel Guldimann, me recuerda a las ilustraciones utilizadas en portadas de discos de stoner rock, doom, synthwave o rock experimental.
El pedal se alimenta con 9 V y sus conexiones jack las tiene en la parte superior, lo que sirve para ahorrar espacio en la pedalera. Es true bypass y está fabricado 100 % en Suiza. Poco más que añadir, ahora veamos cómo suena.

RhPf Electronics Mosphoros
En uso
Ahora comienza la diversión. Tengo tres guitarras disponibles para la prueba y conectaré un amplificador valvular Marshall Class5 inglés, con sus tres controles de EQ al máximo.
Empiezo con una Gibson ES355 VOS y pastillas MHS. Activo el pedal con poca ganancia (1/4), algo más de volumen (2/4) y sus controles de graves y agudos a la mitad. De esta manera, con Mosphoros trabajando como un suave boost, lo primero que me llama la atención es su bajo ruido y el brillo natural que aporta embelleciendo el sonido del amplificador. Los Mosfet comienzan a deformar la forma de la onda con un recorte suave y el pedal suena dulce y cristalino, perfecto para ese sonido country-pop actual de Nashville. Si lo desactivo, el Marshall suena opaco y seco, poco inspirador… ya no hay vuelta atrás.
Voy añadiendo más Drive y las etapas posteriores de Mosfet empiezan a hacer de las suyas respondiendo a las secciones anteriores; la textura se vuelve densa y el pedal reacciona como un amplificador, con un crujido y carácter espectaculares. Consigo un interesante tono grueso a lo Neil Young que va caminando peligrosamente hacia la frontera fuzz. Curiosamente mantiene la elasticidad y no se vuelve áspero pese al volumen; tocar con él es sumamente fácil y agradable para los dedos, con gran dinámica y divertido si quieres tocar sin púa. Los controles de EQ interactúan entre sí apretando y añadiendo ganancia hasta conseguir un tono añejo e inflamado. Si lo tuyo es el Hard Rock ochentero, puedes echar de menos un puntito más de brillo en el nivel máximo de su control de agudos, dependiendo de la guitarra que tengas entre las manos.
Ahora veamos cómo se comporta con una Gibson Les Paul Special con P90. Sigo con la misma configuración que dejé anteriormente en el pedal y viajo por una atmósfera a lo Marc Ford o The Magpie Salute, la banda de Rich Robinson. Ha llegado la hora de bajar el control de Gain del pedal para no tener problemas con los vecinos, pero sigo teniendo en los dedos la sensación de tocar con un amplificador antiguo y “agarrado”. La EQ se comporta de una manera excelente con las pastillas P90, ¡sonidazo!
Prueba final, Fender Strat Special con pastillas Lollar Black Face. Evidentemente, al tratarse de pastillas simples, la sensación cambia y tenemos más margen hasta la sensación de máxima rotura del pedal. El twang es muy bonito, tiene un curioso crujido tridimensional que lo hace ideal para partes rítmicas; la guitarra rellena todos los huecos y afortunadamente no suena afilada incluso con los agudos a tope. Importante señalar la dinámica que tiene dependiendo de nuestra mano derecha y la fuerza con la que golpeemos con la púa; si lo hacemos suavemente el audio será limpio y hueco. Test completado.

RhPf Electronics Mosphoros
Conclusiones
Mosphoros tiene un sonido crujiente y abierto, con una respuesta similar a la de un amplificador. Todos sus controles interactúan en el circuito y aportan ganancia con un resultado cremoso y cómodo para la ejecución. Lee perfectamente las notas de un acorde y hace buen tándem con pastillas de todo tipo.
Es perfecto para sacar partido a los amplificadores que tienen un sonido limpio poco agraciado, para maquillarlos e iluminarlos a un volumen razonable. Creo que es una buena herramienta de estudio para emular a los clásicos tweeds americanos de finales de los cincuenta y sesenta en tus grabaciones caseras; con él resulta accesible llegar a esos tonazos de las bandas de rock de hace muchas décadas o a sus reminiscencias “actuales” como The Black Crowes. Por momentos me he sentido en sintonía sonora con su último disco “A Pound of Feathers”; recomiendo escuchar cómo suenan esas guitarras para entender a qué me refiero.
Si tus gustos musicales son más “modernos” y necesitas un tono más afilado, este pedal se puede convertir en la base limpia de tu sonido y podrás agregarle otros O. D. encima; así tendrás mucho cuerpo y el brillo extra que aporte el segundo pedal. Es cuestión de probar, todo depende de tu equipo.
Por otra parte, y ya hablando del fabricante, me da confianza el cuidadoso packaging y todos los detalles que incluye; eso dice mucho de las personas que hay detrás de la marca y de su pasión por hacer bien las cosas y satisfacer al cliente. Su web es una gran fuente de entretenimiento; hay un apartado llamado “Nerd Lab” que es un auténtico refugio para frikis e incluye los llamados “Tone Maps”, mapas interactivos que permiten ver la respuesta en frecuencia de pedales de distintas marcas, configurar diferentes seteos, guardarlos y compararlos. Tampoco conviene pasar por alto los “Loopy Demos”, widgets de audio interactivos que permiten escuchar pedales mientras visualizas sus mapas de tono, así que quien se aburre es porque quiere.
El catálogo de RhPf Electronics me parece interesante y le auguro un gran futuro a la nueva marca suiza. Sigue su cuenta de Instagram y permanece atento a sus novedades. Cuidado con este titán alpino llamado Mosphoros, ¡si se encienden sus ojos te mosfetizará por completo!

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